Llegaron uno detrás del otro en su correspondiente noche. Cuando desperté del primero, encendí la luz, tomé agua y volví a dormir sin entender nada.
A la noche siguiente, vi a una persona que pasó a mi lado con una sonrisa en su rostro. La reconocí: Era la misma persona del sueño anterior. Esta vez, pude ver más claramente unas alas blancas que salían de sus hombros y que retenían sombras que se movían a su alrededor.
Me desperté de un tirón. Comprendí menos. Me levante, tomé leche tibia, no fue fácil…
pero me volví a dormir.
La tercera noche, la persona de alas blancas, me saludó con un beso en la mejilla. Su acercamiento me confortó, pero acto seguido me sacudió un agudo dolor. De inmediato desperté mientras jalaba con fuerzas una pluma cuya afilada parte anterior quedó clavada a cinco centavos de mi esternón. Con la sangre brotando todavía, me cuesta trabajo;
pero vuelvo a soñar.
UN DETALLE
Su existencia lograda por la tenacidad científica fue pregonada por todo el mundo. Se le auguró larga vida. Se le cuidó para lograrlo; y aunque no hubo enfermedad, algo en su organismo tempranamente falló.
Fue satelizada su prematura muerte que sorprendió a la expectante humanidad.
Y como no se encontró la causa, se intensificó la autopsia. Después de fuerte controversia, el veredicto fue que al clonar a Dolli, el exceso de su propia lana la asfixió.