Los días sufren de presentes y futuros.
Hacen casa con el cuerpo y el lenguaje,
duermen, sueñan, despiertan,
amanecen, atardecen,
envejecen, rejuvenecen.
Algunos son claros,
otros son oscuros.
Algunos son enteros,
otros vienen en pedazos
mientras un cuervo negro
los mira con su ojo izquierdo.
¿Qué hacen en ese laberinto?
¿Por qué se refugian en el silencio?
¿No tienen lengua o garganta
¿Simplemente van y vienen como fantasmas?
Me atormentan con la duda y
les pregunto si son sólo un suspiro
o mis últimas bocanadas de aire,
mientras desde no muy lejos
nos mira el dolor con sus dos ojos.