pinta de los años 80. (LA PRENSA /Cortesía Francisco Cobos)

La imagen como testimonio

Un breve historial sobre la fotografía de Francisco Cobos y su paso por Nicaragua. Sus imágenes se exponen en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la UCA, el próximo martes El deseo de materializar un hecho y de capturar la imagen de lo transitorio y lo fugaz ha sido una constante en […]

  • Un breve historial sobre la fotografía de Francisco Cobos y su paso por Nicaragua. Sus imágenes se exponen en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la UCA, el próximo martes

El deseo de materializar un hecho y de capturar la imagen de lo transitorio y lo fugaz ha sido una constante en el ser humano y la fotografía ha cumplido a cabalidad esta aspiración, cuando, a partir de 1839, comenzó a convertirse en un medio masivo para reproducir la realidad. La fotografía abrió nuevos registros de la imagen y amplió la visión de la mirada humana permitiendo representar algo que sucedió realmente. Al leer o interpretar la imagen fotográfica se establece un proceso comunicativo y el espectador no sólo se apropia de lo fotografiado sino que también le atribuye una cualidad narrativa, construyendo historias y relatos, que a su vez son el eco de una realidad presente o pretérita. Esas imágenes nos dicen que algo ha pasado y se convierten en la fijación lumínica de un hecho o un acontecimiento determinado, que según Roland Barthes “nos interpela a cada uno de nosotros, por separado, al margen de toda generalidad”. De la misma manera, las imágenes fotográficas de Francisco Cobos, producto de varias estadías en Nicaragua, tanto en Managua como en la zona del Pacífico y del Caribe, también nos interpelan y presentan 20 años de historia, vista por la mirada del otro.

El español Francisco Cobos (1961) llegó por primera vez a Nicaragua en 1985 como cooperante y observador de los procesos electorales, alternando su trabajo oficial con sus actividades como fotógrafo para dejar constancia de los acontecimientos que formaron parte de un momento histórico determinado. Las fotos muestran varias etapas del contexto socio-político nicaragüense, relacionadas con diferentes estadías: 1985-1988; 1989-1990; 2003-2007. Entre 1985 y 1988 capta la vida política, las secuelas de una confrontación bélica y las dificultades de la vida diaria; en la década de los 90, los procesos de paz y la desmovilización; entre el 2003 y 2006, escenas de la vida cotidiana en el Caribe Nicaragüense y finaliza el ciclo con la celebración de una victoria anunciada: la toma de posesión en enero del 2007. También se puede analizar cómo la mirada del otro observa una realidad distinta a la suya, cuya percepción trasciende la simple toma fotográfica para captar lo que el ojo ha seleccionado más allá del inconsciente óptico.

Con una de las tomas más emblemáticas de 1985, se abre el repertorio de imágenes. Dos grandes carteles han sido captados por la lente fotográfica en medio de un terreno baldío, donde fuera el antiguo casco urbano de Managua, destruida por el terremoto de 1972. En el primero, destaca el gran número 6, del sexto aniversario, y en el segundo un joven combatiente, símbolo de la lucha y del espíritu patriótico. La consigna, Por la Patria, Por la Paz, Por el Futuro. Seguiremos Cumpliendo, resume el concepto de una alta moral revolucionaria, y a través de la iconografía y la semiótica; podemos leer las estructuras de pensamiento que formaron parte del imaginario sociocultural de la época. Los jóvenes combatientes, como el de la fotografía anterior, fueron parte de ese contexto social y la foto de 1987, titulada Cachorros muestra un grupo apretado de muchachos revolucionarios con su uniforme y sombreros de camuflaje. Son algo más que “los cachorros sueltos del león español” a que alude Darío en la Oda a Roosevelt. Se trata de los cachorros de Sandino, icono popular y mito de la Revolución.

La imagen, unida a la palabra, sirvió igualmente para documentar las esperanzas y las aspiraciones de los nicaragüenses y la fotografía recoge tanto las pintas espontáneas de las paredes, reafirmando un futuro mejor para la niñez como los proyectos de autonomía en las comunidades del Caribe. En algunos casos, las fotografías que recogen mensajes escritos contextualizan determinados procesos políticos, culturales y materiales, destacando hechos históricos relacionados con la guerra desigual entre Nicaragua y Estados Unidos, como el caso del ex piloto de la CIA, Eugene Hassenfuss, cuyo avión fue derribado por jóvenes soldados del EPS (Ejército Popular Sandinista). El texto “yankees, en Nicaragua Sandinista sus avioncitos Hasen… fuuuss”, junto con un dibujo del avión, ha sido captado por la cámara fotográfica y convertido en documento histórico. En otros, las imágenes fotográficas actúan como iconotextos y, por su capacidad narrativa, construyen historias al margen de la Historia misma. Esto se evidencia de manera especial en las fotografías relacionadas con el contexto urbano, pues revelan datos significativos sobre la cultura política local, como el caso de las pintas populares y anónimas. Otras veces, las presencias y las ausencias también tienen una historia que contar: la silueta de Sandino pintada sobre un obelisco en Bluefields, ¿permanecerá como parte del imaginario cultural del Caribe Nicaragüense. Independientemente de su destino, el documento fotográfico es testimonio de un monumento que formó parte de la escena social en la década de 1980.

Los retratos, el paisaje natural y la vida cotidiana también forman parte de todo el recorrido por el Pacífico y el Caribe, y el tema de la niñez es uno de los más abordados, durante diferentes etapas y recorridos. El escenario es variado: desde los niños vendedores de gaseosas, delante de un carretón, hasta los retratos de niñas sumus y miskitas en las Regiones del Atlántico Norte y Sur (RAAN y RAAS). De todos ellos, Niño Mimado: Laitwankira (1987-1988) es símbolo de una preocupación social que formó parte del programa revolucionario, mientras que el resto constituye un inventario artístico y cultural que documenta la visión del fotógrafo sobre el tema de la infancia en diferentes regiones y etnias, partiendo de una observación directa de la realidad.

Las escenas de género o de la vida cotidiana permiten una lectura del medio social en que se desarrollaron y algunas veces están inmersas dentro del paisaje natural en que fueron visualizadas, especialmente las tomas realizadas en el Caribe Nicaragüense, Región del Atlántico Norte. Tal es el caso del retrato colectivo de una familia sumu en la comunidad de Prinzapolka, sumus empujando una panga, remando en el río Pis-Pis o recortando una corteza de tuno, que muestran la preocupación social del fotógrafo hacia el ser humano. Asimismo, representan la cabal exactitud de sus observaciones, reflejando de manera elocuente un sentimiento solidario, además de una mirada lúcida. Unas veces, la mirada se posa en lo cotidiano y una humilde cocina de leña se transforma en una naturaleza muerta, al mejor estilo velazqueño (Escena de Cocina, 1618-1620, Art Institute de Chicago); otras, revela aspectos insólitos de la realidad, como las fotografías de Juigalpa Tournic. La bota de un desmovilizado también adquiere “personería propia” y narra toda una historia de lucha, angustia y abandono, no menos dramática que la del Muelle de Puerto Cabezas, presentado como el fragmento de un mundo fracturado, destruido por la negligencia humana.

El paisaje natural continúa siendo centro de atención y la fotografía del Río San Juan presenta un enfoque panorámico como un escenario de lo grandioso. El vacío y la ausencia de personas confirman la doble presencia de árboles y nubes de manera que surgen dos paisajes o dos realidades distintas: la directa sobre las aguas y la invertida, cuyo reflejo sitúa la escena entre lo real y lo imaginario. Sin embargo, las casas de madera al pie de El Castillo se pueden leer como un fragmento del mundo o como un intento de modernización donde la palabra HOSPEDAJE pareciera querer arrancarlas de su entorno y trasplantarlas al mundo despersonalizado del turismo multinacional.

La narrativa no acaba en la cuenca del Río San Juan, la ruta mítica de un estrecho dudoso, sino que vuelve de nuevo a Managua con la fiesta de la toma de posesión el 10 de enero del 2007, a través de dos fotografías emblemáticas: el primer plano de una vendedora, rodeada de gente bajo la luz de los reflectores y el retrato colectivo donde se destaca una joven con una gorra en la cabeza y el nombre del actual presidente, Daniel 2006, bordado en letras blancas. Como en las novelas de Gabriel García Márquez se cierra el círculo de los “acontecimientos mordiéndose la cola” o la historia vista por Giambatistta Vico como un perenne “corsi e ricorsi”.

Es difícil condensar sesenta imágenes en tan pocas páginas pero en esta aproximación a las fotografías de Francisco Cobos se ha tratado de interpretar el contenido de aquéllas que, de una manera especial, han interpelado a quien escribe estas líneas. Todas ellas representan hechos reales de la Historia de Nicaragua y todas tienen una historia que contar. Asimismo, constituyen significantes naturales y representan tanto el punto de vista del fotógrafo como las aspiraciones y deseos de la sociedad nicaragüense en un momento dado.

La Prensa Literaria

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