Dice uno de los más conocidos y sabios refranes: “Dime con quien andas y te diré quien eres”. Esto significa que según sea la reputación de las personas con las que alguien se junta, así será juzgado públicamente. Dicho con otras palabras, quien tiene amistad con maleantes, aunque sea honrado —asumiendo la posibilidad de que alguien honesto pueda relacionarse amistosamente con bandidos— inevitablemente será considerado también como un malhechor.
Por eso es que causan mucha preocupación algunas amistades que en nombre de Nicaragua está impulsando y estrechando el gobierno de Daniel Ortega, por ejemplo, con el gobierno de la República Islámica de Irán que encabeza el presidente Mahmoud Ahmadinejad. Como se sabe, este belicoso mandatario iraní está enfrentado a las Naciones Unidas y directamente a Estados Unidos, por su empeño en fabricar armas atómicas, y por lo tanto Nicaragua podría ser arrastrada innecesariamente a un grave conflicto internacional.
El presidente Ortega ha dicho que impulsa la amistad y la cooperación con Irán porque Nicaragua tiene derecho a escoger sus amigos y recibir cooperación de todos los países del mundo. Incluso el Gobierno de Ortega ha comprometido oficialmente el apoyo de Nicaragua al programa atómico que está desarrollando Irán, porque dice que tiene propósitos pacíficos e inofensivos. Pero por esta asociación con Irán, Ortega está poniendo a Nicaragua contra la Agencia Internacional de Energía Atómica y el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), organismos que han denunciado y sancionado a Irán por su negativa a suspender el programa de enriquecimiento de uranio que es el paso anterior inmediato a la fabricación de armas atómicas.
La supuesta cooperación y ayuda que el Presidente y el Canciller de Irán han venido a ofrecer a Nicaragua, no justifican que el gobierno de Daniel Ortega involucre al país y a todos los nicaragüenses con un régimen que es actualmente uno de los principales factores de tensión y de conflicto internacional. Ahmadinejad ha proclamado su intención destruir el Estado de Israel y exterminar a su población. Y si está empeñado en producir sus propias bombas atómicas, lo más probable es que cuando las tenga trate de usarlas con ese descabellado propósito.
Además, Ahmadinejad no es una amenaza sólo contra Israel. El año pasado el presidente iraní amenazó a todos los países de Europa con la siguiente declaración belicosa: “Se lo hemos dejado saber ya, los americanos están muy lejos y ustedes son vecinos de esta región. Les decimos que las naciones son como océanos y si se forma una tormenta sus dimensiones, no quedarán confinadas a Palestina y ustedes podrían salir dañados. Ustedes, europeos, han impuesto a un grupo terrorista (el Estado de Israel) en esta región. Está en su interés distanciarse de esos criminales. Esto es un ultimátum. No lo lamenten mañana”.
Ahmadinejad podría parecer un fanfarrón ansioso de figuración y con complejo de inferioridad ante Estados Unidos y Europa. O un fanático que no tolera una religión, el judaísmo, a la que considera como enemiga de la suya, que es el islamismo radical. Pero así se menospreció a Adolfo Hitler cuando éste subió al poder en 1933 y hablaba de la misma manera que ahora habla Ahmadinejad, y el mundo entero se dio cuenta de que sus amenazas no eran sólo fanfarronadas hasta que ya era demasiado tarde.
Durante la década de 1980 a 1990, Daniel Ortega y el FSLN comprometieron a Nicaragua con la Guerra Fría y el Conflicto Este-Oeste. Debido a eso el país se precipitó en una sangrienta guerra civil, a la población nicaragüense se le negó la libertad y la democracia y la economía retrocedió varias décadas en relación con los países vecinos de Centroamérica. Ahora, ¿es que quiere Daniel Ortega recrear aquella trágica situación?
Nadie discute el derecho de Nicaragua a relacionarse con todos los países que quiera, así como de escoger a sus amigos. Ningún otro país (sea Estados Unidos, Venezuela, Cuba o Rusia ) debe decirle a Nicaragua con qué países tener amistad y con cuáles no. Son la sensatez y el sentido de responsabilidad los que aconsejan mantenerse al margen de conflictos internacionales y, por lo tanto, escoger bien a los amigos. En todo caso, si es tanta la compulsión de Daniel Ortega hacia el Irán enemigo de Estados Unidos, lo que debería hacer es relacionar a su partido, el FSLN, con el partido del presidente Ahmadinejad, pero de ninguna manera comprometer a Nicaragua y a todos los nicaragüenses con sus amistades peligrosas.