Monumento a Francisco Hernández de Córdoba, fundador de León, a quien Pedrarias Dávila mando a asesinar. (LA PRENSA/M.matute)

EL PRIMER GOBERNADOR

Pedrarias es uno de los personajes más controvertidos de nuestra desventurada historia. Hay quienes ven en él la prefiguración, el paradigma de lo que serían después algunos de nuestros gobernantes Con Pedro Arias de Ávila, por contracción Pedrarias Dávila, se inició, en lo que hoy es Nicaragua, la colonización española. Pedrarias es uno de los […]

  • Pedrarias es uno de los personajes más controvertidos de nuestra desventurada historia. Hay quienes ven en él la prefiguración, el paradigma de lo que serían después algunos de nuestros gobernantes

Con Pedro Arias de Ávila, por contracción Pedrarias Dávila, se inició, en lo que hoy es Nicaragua, la colonización española. Pedrarias es uno de los personajes más controvertidos de nuestra desventurada historia. Hay quienes ven en él la prefiguración, el paradigma de lo que serían después algunos de nuestros gobernantes y de sus vicios más notables: la propensión a la violencia, el autoritarismo, la dictadura, el nepotismo y la corrupción. Pedrarias dio principio a la idea que luego acogieron varios de nuestros gobernantes, de ver el país como su hacienda particular. Así lo vio, sin duda, Pedrarias y lo heredó a sus descendientes, pues su sucesor legal fue Rodrigo de Contreras, casado con María de Peñaloza, hija mayor de Pedrarias y dueña de inmensas encomiendas. En sus tiempos pasaba por ser la mujer más rica del Nuevo Mundo.

En su Carta a Propósito del Estrecho Dudoso, que sirve de prólogo al poema de Ernesto Cardenal El Estrecho Dudoso, José Coronel Urtecho dice que al tomar posesión del gobierno de Nicaragua, “el anciano Pedrarias, dijo esta frase: ‘comienza una era de organización”. En realidad, por su actuación, se le tiene como el precursor del típico dictador hispanoamericano.

Hay quienes, sin negar el carácter autoritario y cruel de Pedrarias, le consideran como el verdadero fundador de Nicaragua, ya que él fue quien, de alguna manera, configuró territorialmente lo que más tarde sería la República de Nicaragua. Además, le reconocen como un gobernante interesado en el progreso de su provincia, aunque lo hiciera en su propio provecho y utilizara métodos represivos contra indios y españoles. No olvidemos que a él se debe el degollamiento del fundador de nuestras primeras ciudades (León y Granada), Francisco Hernández de Córdoba, y del descubridor del Océano Pacífico, Vasco Núñez de Balboa, pese a que a éste lo había desposado con su hija, María.

Pedro Arias de Ávila fue quizás el español más encumbrado socialmente que vino al Nuevo Mundo. Antes de pasar a América, en la corte española había ganado el apodo de “Galán” por su apuesta figura (tenía fama de ser el hombre más alto de su época) y el “Gran Justador”, por su lucimiento en justas y torneos cortesanos, donde ganó fama de invencible. En tierras americanas agregaría luego otro apodo, quizás más apropiado: “Furor domini”, por su duro carácter y sus inhumanas crueldades con los indios. Fue él quien inventó los salvajes “emperramientos” de los indios, que consistía en encerrar a los indígenas en una plaza y dejar que los adiestrados lebreles del gobernador los destrozaran.

Hijo del segundo conde de Puñoenrostro, fue paje del Rey Poeta Juan II, en cuya corte se educó. Heredó de su tío, el Obispo de Segovia, Juan Arias, una inmensa fortuna. Se casó con Isabel de Bobadilla y Peñalosa, hija del comendador de Calatrava y sobrina de la Marquesa de Moya, Beatriz de Bobadilla, íntima amiga y dama de la corte de la Reina Isabel La Católica. Por esa época, una copla popular decía: “después de la reina de Castilla, la de Bobadilla” …

Antes de pasar a América, Pedrarias se había distinguido en la guerra contra los moros y en las campañas de África, donde participó en la toma de Orán y Bujía. El Marqués de Losoya cuenta que Pedrarias, en la toma de la plaza de Bujía, año 1510, siendo Pedrarias Coronel de Infantería, “fue el primero que, escalando la muralla y matando al Alférez moro, enarboló bandera cristiana en los adarves; y defendiendo después el castillo con sólo catorce cristianos, y los nueve enfermos de peste de muchedumbre de moros, les ganó siete escalas, las cuales, con la bandera y ocho castillos, le dio el Rey por blasón y armas en campo de sangre por la mucha que se derramó en aquella empresa”.

Con esta fama, no es extraño que cuando el rey Fernando el Católico pensó en una gran expedición de conquista y colonización, la más importante de cuantas se habían enviado al Nuevo Mundo, el mando de la misma se confiara a uno de los militares de mayor prestigio y abolengo con que entonces contaba España, Pedro Arias de Ávila, designado Gobernador y Capitán General de “Castilla del Oro”, nombre que se dio a la Tierra Firme. La Armada, encabezada por Pedrarias, se compuso de veintidós barcos y las tropas la integraban más de dos mil hombres, buena parte de ellos hidalgos pertenecientes a las mejores familias españolas. Varios de los capitanes y soldados, que más tarde se hicieron famosos, venían en esta expedición, entre otros: Diego de Almagro, Sebastián de Benalcázar, Hernando de Soto, Bernal Díaz del Castillo, Fernández de Oviedo, Gaspar de Morales, etc.

Pese a lo desastrosa que fue la administración de Pedrarias en Panamá, donde su prepotencia, celo por su autoridad y el odio que parecían inspirar sus acciones le valieron un juicio de Residencia, su influencia en la corte le permitió salir adelante e incluso hacer que se le nombrara luego Gobernador de Nicaragua, en junio de 1527.

Cuando Pedrarias llegó a León de Nicaragua, a finales del mes de marzo de 1528, era ya un anciano posiblemente mayor de ochenta años pero lleno aún de energía y pasiones, pese a sus dolencias y quebrantos de salud. Con Pedrarias llegó a León Fray Francisco de Bobadilla, autor del famoso interrogatorio a los caciques e indios principales sobre sus creencias y costumbres, que el cronista Oviedo tuvo la buena idea de insertar íntegro en su monumental Historia General y Natural de las Indias.

Pedrarias trajo de Panamá ganado vacuno, bovino, porcino y mular, así como otros animales domésticos, granos e implementos agrícolas. Pedrarias se esforzó por precisar los límites de su gobernación, continuó las expediciones al Desaguadero y con él se inicia para Nicaragua el período propiamente colonial.

Pedrarias falleció “de vejez y pasiones y enfermedades que tenía”, el 6 de marzo de 1531, según dicen las crónicas. El historiador y académico español, Marqués de Losoya, en su obra Vida del Segoviano Rodrigo de Contreras, narra que “la población asistió, amedrentada aún, a las solemnes exequias que en honor de tan magnífico como desalmado caballero se celebraron en la Catedral por orden del Licenciado Francisco de Castañeda, Alcalde Mayor de la Ciudad”. Fue enterrado en la Iglesia de La Merced, donde sus restos fueron encontrados, al lado de los de Hernández de Córdoba, siglos después.

La Prensa Literaria

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