Retahílas de Doña Donatila Cubas
Doña Donatila Cubas enviando a su sobrino Floridor a comprar un mondongo donde Cleto Rayo.
¿Flori, Flori? Ve donde Cleto Antonio y dile que si os vende el aparato digestivo. Si os vende, ten cuidado con su can tan rabioso. No os vaya a morder tu delicada piel cutánea.
Doña Donatila Cubas enviando a Floridor a comprar un litro de leche donde don Heriberto Sobalvarro.
Flori, Flori, cómprate donde Herí un libro del producto perlado del rumiante consorte del toro.
Los Gallos cocinados
Don Ernesto Incer era un hombre rico, soltero y con muchas aficiones, ya fueran los deportes o cualquier otra actividad de esparcimiento en Boaco.
Una de sus mayores aficiones eran los gallos. Tenía tantos gallos en sus propiedades que pagaba para que otros se los cuidaran. Los que se jugaba en las grandes festividades de Boaco y Nicaragua.
Una vez le dio en cuido un gallo a la Tana Morales y otro a las Rosales. Ambas familias vecinas del Bajo. Un día apareció llorando la Tana Morales con una taza de sopa; diciendo que las Rosales le habían robado el gallo. Yo vi las plumas de su gallo, le dijo entre lágrima y lágrima.
Pero no se preocupe, don Ernesto. Yo le robé un gallo que ellas cuidan como los ojos de su cara. Aquí le traigo un plato con la pechuga del gallo. Ellas no se quedarán riendo de su fechoría.
Caperucita y Capullito El Lobo Manso
Caperucita Roja llegaba a Boaco todos sábados a dejarle rosquillas al señor alcalde. Esta siempre jugaba con un lobo que tenía la Alcaldía, que aunque tenía un aspecto feroz, era manso como un cordero. Este lobo lo ocupaban para espantar a los animales que llegaban a comerse las flores del parque Nieborowsky durante el día. Por las noches cuidaba la vida y hacienda de los boaqueños. Cuando este lobo murió, fue enterrado con todos los honores de la Alcaldía y elevado a concejal póstumamente.
Llega a tanto la confianza con el lobo, que un día que el río Fonseca creció, producto de las lluvias del invierno, Caperucita logró pasar el río sobre el lomo de Capullito.
Por eso, cuando a Caperucita la enviaron con comida donde la abuelita. El lobo feroz pudo comérsela, ya que Caperucita pensaba que todos los lobos eran como Capullito de Boaco.
Grave equivocación. Aunque unos nos parecemos a otros, no todos tenemos buenos sentimientos.
Los acordes de la Orquesta de Cámara de la UCA barrieron como por encanto el tedio y aburrimiento de aquel salón semivacío.
Armandito también concluyó con una frase lapidaria: Vos sos un gran mentiroso
El bombero intrépido
Corría el año 1965. Esa noche en León se llevaría a cabo una de las más intrépidas hazañas que pueden realizar sólo los bomberos más experimentados: el rescate a grandes alturas con malla. Se comentaba en todo León y especialmente en la Universidad la proeza. El acto central sería en la Catedral de León; un bombero se lanzaría desde los Cíclopes que cargan las campanas en la Catedral de León.
La plaza Máximo Jerez estaba de bote en bote. El bombero se miraba chiquitito desde la plaza. Un redoble de tambores puso en tensión toda la plaza y sus alrededores. El bombero se lanzó al vacío con un muñeco entre sus brazos. Abajo lo esperaban unos 20 bomberos con una malla. El bombero cayó en la malla. A los pocos segundos el bombero se levantó y extendió sus brazos en señal de triunfo. Un gran aplauso recorrió toda la plaza. Yo me abalancé para conocer al intrépido bombero entre el tumulto de gente que lo abrazaba y felicitaba.
Cuál fue mi gran sorpresa que grité a todo pulmón: ¡Es Julio Gómez, de Boaco !