Con este número especial sobre Boaco y sus gentes, descubro que la cultura del boaqueño es amplia. Se extiende por los rincones, por los cerros y los llanos profundos de la memoria de todo aquel que visita la tierra de los boaj o de los encantadores.
Un lugar donde la gente es sencilla y de corazón sincero, un paisaje fresco, que invita a admirar pintorescos lugares como el Mirador del Faro El Centenario, Paseo El Bailante, las gradas El Yarrince y Paseo de los Poetas.
Una ciudad que por su quebrada topografía es seductora, su colorido caserío, avenidas e iglesias de arquitectura neoclásica como la Iglesia Santiago o como la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ecléctica con influencia gótica y acentuada arquitectura rusa.
Boaco y sus gentes está presente en esta breve muestra de algunos poetas; por supuesto, que faltan muchos, una ciudad rica en tradición literaria en la que caben, el Grupo U, Macuta y poetas independientes que han sobresalido como destacados intelectuales y escritores.
Sabrosa en historias, mitos y leyendas de personajes de antaño, que han hecho de la ciudad, su propia identidad, el mapa de la identificación que lo encontramos en cada surco de montaña, ganado, leche y ese friíto, ese vendaval por las noches que sólo se siente en la ciudad sin mar pero con faro.
Identidad que también está viva en las danzas de Bailantes Moros y Cristianos, el único baile del país que sólo se danza en Boaco, con sus chischiles y vistosas cotonas adornadas por pañuelos multicolores y sus majestuosas coronas engalanadas de atractivas flores de plástico y espejos, baile que se renueva cuando es acompañado por la música de los persistentes tambores arrabaleros y campesinos que bailan al son de los santos de la Iglesia católica.
Ciudad rica en cultura, tradiciones, folclor y gastronomía, probar un buen quesillo lo confirma y degustar todo lo rico que se puede sacar de los lácteos, igual otra delicatessen, las enchiladitas boaqueñas que por su buen sabor, son adictivas. Platos de la gastronomía boaqueña como las enchidas, el merol, la chicha india, el rico bollo dulce, el caballo moro que, al probarlas, te hacen volver, reza un dicho que dice: A todos lados se va, a Boaco se regresa.
Lugar de encantadores, donde se aprecia el paisaje y las casas que se asientan entre el terreno quebrado por la naturaleza, Boaco, la ciudad de las colinas, la ciudad de cuatro pisos porque desde mi colina, otra colina nace y otras.