Al entrar a la casa del poeta Armando Incer, uno se transporta en el tiempo. Un pequeño cañón da la bienvenida y resguarda la entrada, como lo hizo durante la guerra de Moncada, inmediatamente se anuncia lo que vendrá con un bello verso de Joaquín Pasos: Esta es una primavera sonámbula sin sentido.
En un breve recorrido por su casa, que guarda parte de la historia de la tierra del Cacique Yarrince, se aprecian verdaderas joyas históricas sobre la vida de la gente de Boaco: metates, cerámica precolombina, armas, documentos históricos, fotografías, cartas, objetos de colección desde una moneda, una lámpara de carburo, una pluma fuente de los años 40, entre otros.
El escritor cuenta que la creación de su museo inició en 1959, con una volante que Luis Somoza mandó dejar caer de los aviones que volaron la zona de Olama y Mollejones, la papeleta le decía a los muchachos que se rindieran. Actualmente, el museo tiene aproximadamente 2,000 piezas, aunque Incer asegura que nunca lo ha inventariado.
Otro de los atractivos de la colección es una edición de las poesía completas de San Juan de la Cruz, editada en 1774, libros que los boaqueños leían en aquel entonces, libros de medicina propiedad del señor David Tijerino, en los que consultaba cómo tratar algunas enfermedades sin ser médico, cartas, fotos y partituras musicales de José Nieborowski, sacerdote paulino que llevara el progreso a la ciudad a finales del siglo XIX y principios del XX.
El poeta, quien sirve de guía durante el recorrido y comenta curiosas anécdotas sobre cada objeto, como la calavera de un jaguar en una urna de vidrio. Según él, cuenta la historia que los aztecas y mayas concebían al jaguar como un dios y para que persistiera, le ponían en las fauces abiertas el cráneo del animal, incrustándole un trozo de jade. Ellos decían que al jaguar y a la vida, le daban un aliento de eternidad.
Antigüedades que dice de cómo vivían los boaqueños
De manera que otro atractivo del lugar son las pinturas de artistas boaqueños, como Mario Marín (pintor primitivista), que con sus cuadros refleja la historia de la ciudad: Boaco Viejo, Boaquito y el actual Boaco.
Museo de Boaco
La pequeña sala del museo exhibe una galería de los alcaldes que ha tenido el municipio desde el año 1900 a la actualidad, los que suman 48, entre los que destacan las dos primeras mujeres alcaldesas, entre ellas, doña Emma Mora de Robleto, primera alcaldesa de Boaco, en el período 1953-1954 y la primera en Nicaragua.
Se exhibe en el museo las numerosas piezas arqueológicas entre las que figuran las urnas funerarias, morteros de piedra que eran utilizados para apilar granos básicos, piedras de moler y vasijas elaboradas en barro, así como puntas de lanzas e ídolos de piedra encontrados en diferentes sectores del departamento. Entre las curiosidades se destaca un enorme hueso de ballena que pertenece a la parte frontal de la cabeza.