En términos generales pero particularmente alrededor del tema de la producción de etanol, el presidente sandinista Daniel Ortega no tiene argumentos propios ni toma en cuenta el interés nacional. Simplemente repite los argumentos del presidente venezolano Hugo Chávez y defiende los intereses petroleros de Venezuela.
Sin duda que el Presidente de Nicaragua tiene que ser agradecido con la cooperación que le ha dado y las promesas de ayuda que le ha hecho el líder del Estado revolucionario y socialista de Venezuela. Pero el agradecimiento no debe llegar hasta el servilismo, ni a actuar en contra del interés nacional para favorecer la conveniencia extranjera, ni siquiera de Venezuela.
El Presidente venezolano Hugo Chávez ha dicho en múltiples ocasiones —las palabras siguientes las tomamos de un discurso que pronunció en Jamaica el 12 de marzo corriente—, que los países latinoamericanos y del Caribe no deben producir biocombustibles porque “estaríamos usando las tierras fértiles y el agua que tenemos disponibles para producir alimentos, pero no para la gente sino para los carros de los ricos”. Prácticamente lo mismo dijo el presidente sandinista de Nicaragua, el jueves 22 del mismo mes de marzo (ver LA PRENSA del viernes 23 de marzo, 2007), al asegurar que “es necesario emplear la tierra para producir alimentos que permitan combatir el hambre y no para masificar el cultivo de la caña de azúcar” (que en Nicaragua se está usando como materia prima para la producción del biocombustible llamado etanol).
Es lógico que el presidente venezolano se pronuncie contra la producción de biocombustibles, porque esta apunta contra la despiadada tiranía petrolera que unos pocos países ejercen contra la mayor parte de las naciones del mundo. La explotación y comercialización del petróleo cuyo precio es desmesurado, es la base del inmenso poder de Chávez y la fuente de financiamiento de la aventura revolucionaria del “socialismo del siglo XXI”, que el dictador venezolano está tratando de exportar y expandir por toda América Latina y el Caribe.
Sin embargo, para Nicaragua la producción de biocombustibles y de etanol en particular representa una buena posibilidad de romper la onerosa dependencia del petróleo y una magnífica oportunidad para ampliar la producción nacional y la participación competitiva del país en el mercado internacional, particularmente de Estados Unidos de Norteamérica, que está empeñado en sustituir una buena parte de sus compras de combustible basado en el petróleo con el que se produce a base de materia prima vegetal.
La posición de Daniel Ortega en este caso es únicamente ideológica y política. Y no tendría mayor importancia si no fuera porque es contraria al interés nacional, porque se subordina a los intereses petroleros de Hugo Chávez y es contraria al objetivo de procurar la independencia económica de Nicaragua. Y además es una posición mentirosa, porque no es cierto que el desarrollo de la producción de caña de azúcar para ampliar la generación de etanol conduciría a una economía de monocultivo. Por el contrario, a donde conduciría es a la diversificación de la producción y de la economía nacional, y sobre todo al inmenso beneficio de romper o al menos reducir la oprobiosa dependencia del petróleo.
Cabe señalar que si bien es cierto que los biocombustibles no desplazarán pronto a los energéticos derivados del petróleo —al menos no durante algún tiempo que no es posible determinar—, y que su producción compite actualmente con materia prima alimentaria como azúcar y maíz, sin embargo dentro de poco tiempo el etanol se podrá producir en base de otras variedades vegetales. Además, para Nicaragua la expansión de la producción azucarera para producir etanol sólo podría ser beneficiosa, pues incorporaría a la actividad productiva grandes extensiones de tierra que actualmente están ociosas, en vez de que las inversiones correspondientes se vayan a otros países, como es el caso del Grupo Pellas que ante las dificultades que pone el gobierno sandinista y las amenazas de Daniel Ortega contra el etanol, prefiere llevarse sus inversiones para Honduras.
En fin, ¿para quién gobierna Daniel Ortega? ¿Para Nicaragua o para Venezuela?