Fuegos cruzados

Mírame con estupor hurgando el fondo de tu corazón,para sentir revuelos, traiciones de fuegos cruzados. Hamelin y su melodía de leves sonidoshacen volver a la mujer de Adán a su vieja manzana podrida.A tantos dislates tus santos protectoresfuego pusieron en su mesa de devoción.Claro gesto, nuestro ángel hogareñoque bien te asistía. Si miraras con ojos […]

Mírame con estupor hurgando el fondo de tu corazón,
para sentir revuelos, traiciones de fuegos cruzados.
Hamelin y su melodía de leves sonidos
hacen volver a la mujer de Adán
a su vieja manzana podrida.
A tantos dislates tus santos protectores
fuego pusieron en su mesa de devoción.
Claro gesto, nuestro ángel hogareño
que bien te asistía.

Si miraras con ojos del corazón,
tu sangre y tu carne sentirían dulzura.
Cuando Las Furias se apoderan de tu existir,
volviéndote terrible, dejas sentir con firmeza
un trastrocado ario, amante de Lili Marlen.
¡Qué lejos está tu sangre de mi sangre!

¿Qué somos al final? Un rehilete del Eclesiastés.
Me río, lejos estás de ser Juan el Bautista.
Estirar la mano, sentir que la aprietan
y anudan es el más simple y sencillo
milagro de Dios.

Te beso,
con los labios de San Judas Tadeo.
Te quiero,
con la sinceridad de Pablo y Lucano.

Juigalpa, Chontales. 7 de enero del 2007.

La Prensa Literaria

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