Raúl Orozco.

El Memorando

A los veinte años, edad que yo tenía cuando Gabo publicó Cien Años de Soledad, su lectura me irritó. Planteada, más o menos, la teoría del eterno retorno. Es decir: siempre íbamos a tener colas de cerdo, y a elaborar pescaditos dorados. Le hice, recuerdo, un poema titulado Memorando a Gabriel García Márquez por el […]

A los veinte años, edad que yo tenía cuando Gabo publicó Cien Años de Soledad, su lectura me irritó. Planteada, más o menos, la teoría del eterno retorno. Es decir: siempre íbamos a tener colas de cerdo, y a elaborar pescaditos dorados. Le hice, recuerdo, un poema titulado Memorando a Gabriel García Márquez por el asunto de los Cien Años de Soledad que publiqué en mi libro Torrente de Acero. Él me firmó el recibido de dicho “memo” en la desaparecida ASTC (Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura). Me gusta más que las demás, su novela El Coronel no Tiene Quien le Escriba, pero toda su obra además de brillante, tiene como respaldo una actitud ética, de compromiso con la libertad y eso es un legado tan importante, como sus novelas, reportajes, y las otras empresas que ayudó a construir, como la escuela de cine de San Antonio de los Baños en Cuba. No sorprende que tantas personas relevantes en el mundo lo celebren como Fidel y Chávez que lo admiran. Sigue siendo una herencia cultural y espiritual en el mundo.

La Prensa Literaria

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