Gabo y la soledad que vivimos

Cuando escucho el nombre de Gabriel García Márquez pienso en Cien Años de Soledad, el Macondo que me recuerda el bello pueblo de Santa Lucía de la ciudad de Boaco, o el Teustepe árido y polvoso. Nunca reflexiono que es de las novelas más traducidas, va por los 35 idiomas, publicada en Buenos Aires, en […]

Cuando escucho el nombre de Gabriel García Márquez pienso en Cien Años de Soledad, el Macondo que me recuerda el bello pueblo de Santa Lucía de la ciudad de Boaco, o el Teustepe árido y polvoso. Nunca reflexiono que es de las novelas más traducidas, va por los 35 idiomas, publicada en Buenos Aires, en 1967 con un tiraje en su primera edición de 8,000 mil ejemplares, y cuyas ventas han sobrepasado los 30 millones de libros.

Nunca pienso que esta novela fue la que lo llevó de alguna manera a la cumbre, y que cuando la escribió Gabo estaba en la pobreza, ya él lo ha relatado un par de veces en el artículo: La Odisea Literaria de un Manuscrito, una historia conmovedora.

En lo que sí he meditado, es que Cien Años de Soledad es un bello título para un poemario, y que rescata el espíritu de los pueblos latinoamericanos, esos lugares donde opacados por el tiempo, empobrecidos y llenos de historias fantásticas, de mitos, leyendas están habitados por personas extrañas y quiméricas.

Por eso no es de extrañarse que cuando leamos este libro maravilloso, José Arcadio Buendía, el coronel Aureliano Buendía y Úrsula sean personajes que conocemos y que comparemos con individuos de nuestros pueblos, habría que preguntarse o imaginar quién sería nuestro José Arcadio o nuestro Macondo.

Gabo nos acercó a nosotros mismos, estrechó la barrera entre la literatura y la realidad, nos acorraló y nos mostró un espejo muy ancho donde todos cabemos y por vanidad nos miramos.

También nos regaló estas historias fantásticas, los lazos de los Buendía, que viven espantados ante la posibilidad de engendrar hijos con cola de cerdo, en ese lugar mitológico donde todo es posible, donde los hombres viven los 100 años y procrean hasta la ancianidad; apariciones y diálogos con espíritus, alfombras que vuelan, y destrucciones sobrenaturales.

Por eso creo que la obra de Gabriel García Márquez, autor de tantas historias geniales y vanguardista del texto Realismo Mágico o Real Maravilloso, está fundamentada en las hipérboles que son nuestras vida y que por eso gusta, atrapa, seduce y enamora a los lectores del Premio Nobel de Literatura.

Historias planteadas como la de El Coronel no Tiene Quien le Escriba, que es el problema de la humanidad a lo largo de la historia, es entre otras la soledad que todos vivimos. No está de más celebrar los 80 años del autor de El Otoño del Patriarca, y leer sus cuentos, sus libros, sus crónicas y la memoria viva que es su palabra.

La Prensa Literaria

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