La misericordia de Dios

La revelación de Dios, ha sido progresiva: “En diversas ocasiones y bajo diferentes formas, Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, hasta que en esos días, que son los últimos, nos habló a nosotros por medio del Hijo” (Hebreos 1,1-2). En cierta ocasión el apóstol Felipe dijo a Jesús: “Señor, muéstranos al […]

La revelación de Dios, ha sido progresiva: “En diversas ocasiones y bajo diferentes formas, Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, hasta que en esos días, que son los últimos, nos habló a nosotros por medio del Hijo” (Hebreos 1,1-2).

En cierta ocasión el apóstol Felipe dijo a Jesús: “Señor, muéstranos al Padre, y eso nos basta. Jesús le respondió: Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces Felipe? El que me ve a mí ve al Padre” (Juan 14, 8-9). Jesucristo, es el rostro misericordioso del Padre. Todo lo que podemos saber de Dios, El lo ha revelado.

El amor que Dios tiene a su pueblo se da a conocer, cuando en el Monte Horeb, la zarza ardía sin consumirse y Moisés se acerca tapándose el rostro, porque temía ver a Dios. Escuchó la voz del Señor que dijo: “He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he oído sus quejas… me he fijado en sus sufrimientos y he bajado para librarlos del poder de los egipcios” (Exodo 3, 7-8).

Dios suscita en el transcurso de la historia, hombres y mujeres que se han dejado utilizar por El, para ayudar a los demás a tomar conciencia de la realidad propia que viven y se opone a su dignidad humana. La eliminación de todo aquello que contradice el plan de Dios en nuestras vidas, es la conversión, fruto de “la verdadera oración que consiste en unir la propia voluntad a la voluntad de Dios” (S.S.Benedicto XVI).

Si nuestros ojos espirituales se vuelven a los ojos misericordiosos de Jesús, no importa lo que haya pasado en nuestras vidas, qué pecados hayamos cometido, en qué circunstancias nos encontremos, pues “un corazón contrito y humillado, Oh Dios, no lo desprecias” (Salmo 50).

Si crees que Jesús no perdonará jamás tu pecado, eso es una trampa del enemigo, porque el único pecado que Dios no perdona, es aquel que tú no quieres que te perdone. Es pensar que tu pecado, es mayor que el amor y el perdón que Dios tiene para ti.

Hace varios años, predicaba el Padre Diego Jaramillo, sacerdote colombiano, de nuestra Congregación de Jesús y María, en un congreso ante miles de personas, y nos relató un suceso muy conmovedor: Un hombre encarcelado por múltiples delitos, recibió en la prisión, la visita de un predicador que le expresó: “Dios te ama”. Aquel presidiario con un pasado plagado de tristeza y maldad, le replicó que no pensaba que Jesús pudiera perdonarlo. El misionero le pidió que escribiera en una hoja en blanco todos sus pecados y que luego orara. Aquel hombre, sin mucho ánimo, realizó lo pedido. Llenó toda la hoja, con párrafos en donde escribió los delitos que había cometido, en un momento determinado, sintió un estremecimiento interior y una voz espiritual que le decía en lo más íntimo de su corazón: “hijo mío, yo morí por ti en la cruz, te amo infinitamente, tu hoja de vida, queda en blanco”. Desde aquel momento ese hombre antes convencido que no tenía redención, pudo descubrir que el abismo de sus miserias era infinitamente pequeño comparado con la profundidad de la misericordia de Dios. Cambió, se entregó por completo al Señor, llegó a él la alegría de saberse lavado por la sangre preciosa del Cordero.

Oremos con María, Madre de gracia y misericordia, para que ella nos ayude a experimentar la misericordia de Jesús y seamos misericordiosos.

Religión y Fe

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