EL NICA ARMANDO COLLADO (IZQD.) también pretende destacar en el futbol salvadoreño. (LA PRENSA/CORTESÍA DEL DIARIO HOY)

Luchador por naturaleza

Armando Collado sabe superar obstáculos [doap_box title=»Donde lo pongan» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Armando Collado es el típico obrero en la cancha. Juega todos los balones, difícilmente baja el ritmo y aunque puede comenzar como defensa, puede por la banda, volante de contención y hasta marcar algún gol como delantero. Se acomoda donde lo pongan. El nica […]

  • Armando Collado sabe superar obstáculos
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Armando Collado es el típico obrero en la cancha. Juega todos los balones, difícilmente baja el ritmo y aunque puede comenzar como defensa, puede por la banda, volante de contención y hasta marcar algún gol como delantero. Se acomoda donde lo pongan.

El nica luce bien jugando por la banda derecha, pero el técnico del Once Municipal, Nelson Ancheta, asegura que su aporte como delantero podría ponerlo en la cancha en algunos partidos.

“Es muy versátil. Y lucha en la cancha, le pone unas ganas que hay que tomarlo en cuenta para ponerlo a jugar. Por eso se inscribió con el equipo”, dijo Ancheta, quien ya hizo campeón nacional al Once Municipal después de 58 años sin un cetro.

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El mundo es de Dios y Dios lo alquila a los valientes. Parece una frase idónea para resaltar el esfuerzo del jugador del Once Municipal, Armando Collado, quien creció entre dos países, al principio sin comprender el porqué, y luego luchando ante las adversidades, incluso la de no saber de su madre desde que se marchó a otro país.

“Es un tema del que no me gusta hablar. Prefiero no hacerlo. No sé mucho de ella, ni porqué se olvidó de mí desde que se fue a Estados Unidos”, dice Collado, sobre la inexplicable partida de su progenitora, Vera Amelia Lanuza.

Es el único tema del que no habla con fluidez. Del resto, el ex lateral del América y ahora delantero del Once Municipal, se expresa con seguridad a pesar de sus 21 años.

Collado, hijo de padres nicaragüenses, nació en El Salvador y tardó sólo un año para viajar de regreso a Nicaragua, donde vivió hasta los ocho años.

De regreso a su país natal, el futbol no tardó en robar su atención pues a los 10 años comenzó a jugar y siguió jugando hasta la primaria, precisamente cuando su mundo cambió con el viaje de su mamá.

Pero volvió a Nicaragua en el 2000, casi forzado por las circunstancias de estar solo en El Salvador. De ahí en adelante todo se convirtió en una prueba.

“Seguí jugando al futbol. Estuve con el Parmalat juvenil hasta que llegué a Primera con el América. Pero las cosas se pusieron difíciles. Alquilaba un apartamento, pagaba mi carrera universitaria, mi comida”, recuerda de su estadía en Nicaragua.

“No puedo negar que sólo porque encontré gente que me trató bien, me quedé más tiempo en Nicaragua. Muchas personas se portaron bien conmigo y no me quejo, pero ya era insoportable mi situación económica. Tenía que hacer algo”, agrega Collado.

Ahora en El Salvador tiene otro chance para hacer lo que más sabe: jugar al futbol. Siempre el balompié le dio esa convicción que le faltó, o peor aún, le sigue faltando en su vida, pero que quizá lo ha forzado para definir mejor sus metas.

“Creo que mi situación me ha hecho definir muy bien lo que quiero y eso me ayudó a esforzarme más, porque además lo necesito y me gusta el futbol. Ahora puedo hacer de esta oportunidad el futuro de mi vida, por eso le echo más ganas en la cancha”, agrega.

En la cancha se notan sus ganas de luchar. Parece un guerrero y aunque está claro que será difícil ganarse algunos minutos con el Once Municipal, no cabe duda que peleará por ese chance.

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