- Desde la colina vaticana
“Vayamos junto a Jesús, caminemos con Él y así el año nuevo será un año feliz y bueno”.
(Benedicto XVI)
Más que definir la Cuaresma vale la pena vivirla, como más que decirse cristiano es mejor serlo.
Por eso, sencilla y llanamente, habiendo tratado en otras oportunidades o en años anteriores de ofrecer una definición de la misma, queremos en esta ocasión meditar en la Cuaresma como un camino hacia Jesús.
Si consideramos la Cuaresma como un camino hacia Jesús, lejos de representar un encuentro con la tristeza o la falta de alegría, la descubriremos como una verdadera fuente de superación personal y comunitaria.
Si este tiempo cuaresmal comienza y termina sin ninguna novedad, sin ningún cambio en nuestra vida: cambio de conducta, de comportamiento, de modo de pensar y de actuar, quizás se produzca tal situación a la falta de un programa de vida espiritual para este período litúrgico en el cual la Iglesia nos invita amorosa pero enérgicamente a la oración, la meditación, la penitencia y la caridad de una manera especial, con el fin de prepararnos dignamente a la Resurrección de Cristo, a resucitar con Él propiamente.
No sé si en todo tiempo ha sido igual, pero hoy por hoy abundan las encuestas. De toda clase. Los encuestadores me han preguntado muchas cosas. Pero sólo una vez si era feliz y al responder afirmativamente no se me creyó… Llama la atención que no existan prácticamente “encuestadores sobre la felicidad”. Tal vez se deba a que ya se conozca la respuesta, que, normalmente, resultaría negativa y poco confiable de ser afirmativa.
“Vayamos junto a Jesús, caminemos con Él y así el año nuevo será un año feliz y bueno”, nos exhorta el Papa Benedicto XVI.
Nada mejor que esta Cuaresma para aceptar su mensaje como todo un reto.