“Este es el primero para todos los tiempos. Pedro debe ser el custodio de la comunión con Cristo, guiar a la comunión con Cristo, guiar la comunión, de modo que la red no se rompa, sino que sostenga a la gran comunión universal por medio de la cual estamos con Cristo, que es el Señor de todos nosotros”.
(Benedicto XVI)
Muchos teólogos y pastores protestantes han terminado descubriendo la necesidad y ventaja del primado de Pedro, quien vive en sus sucesores los Papas, sobre todo al tener que enfrentar situaciones difíciles que requieren una respuesta segura en cuestiones de fe.
“Está o no está Jesucristo realmente presente en la Eucaristía”, fue la pregunta formulada por un joven a un sacerdote anglicano y que éste le prometió responder unos días después —para poder consultar a otros ministros de su religión—.
Al consultar sobre el particular a un grupo de compañeros invitados por él a compartir su inquietud, resultó que lejos de dilucidar sus dudas más se hundió en un mar de incongruencias y confusión al buscar orientación en aquel grupo de religiosos: unos sostenían un punto de vista totalmente opuesto al de otros y otros se aproximaban o se alejaban más o menos de los unos y otros respectivamente.
“Pero, dónde está la verdad en medio de tantas contradicciones. Tiene que haber en la tierra una persona que hable en nombre de Dios, revestida de una autoridad venida de lo alto, que nos brinde una certeza infalible en relación con nuestra fe cristiana, pues si yo pienso una cosa y los otros, otras distintas, todo se reduciría a meras opiniones humanas y ni ellos ni yo tendríamos derecho a presentar a los fieles como verdad de fe, lo que a cada quien le parece ser así, una simple opinión o conclusión personal…”, reflexionaba razonablemente aquel pastor de almas que quería ser honesto con Dios y consigo mismo, lo mismo que con rebaño espiritual.
Más tarde este ministro anglicano abrazó el Catolicismo y ordenado sacerdote… si estamos con el Papa, estamos en comunión con Cristo, porque donde está Pedro está Cristo, sino se rompe la red… ser católico es una gracia.