SACERDOTE CATÓLICO
Hoy se celebra la XV Jornada Mundial del Enfermo y es un momento especial de gracia para pedir al Espíritu Santo, por todos aquellos hermanos , que de manera particular, se asocian a la cruz redentora de Cristo, por diversos padecimientos, y para suplicar la solidaridad y la ternura de todos nosotros, para con ellos.
Coincide, esta jornada, con la aparición de la Santísima Virgen de Lourdes, a Santa Bernardita Soubirous, un 11 de febrero de 1858 en Francia.
Es interesante cómo la Madre de Dios le revela a la vidente su nombre y le dice: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Bernardita era una niña sencilla, piadosa, se deduce por lógica que no sabía que cuatro años antes de la aparición, el 8 de diciembre de 1854, el beato Pío IX, de feliz memoria, con la bula dogmática Ineffabilis Deus, afirmó que “la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada” (DS 2803).
La Virgen María ha tenido y tiene un papel relevante en la historia de la salvación. Ella estuvo presente en el momento de la Encarnación, en el Nacimiento de Jesús, fue quien enseñó a Jesús niño, a amar y adorar a Dios, como su ABBA, fue ella quien durante toda la vida oculta del Señor permaneció siempre a su lado, conservando en su corazón todas las cosas bellas, estuvo en su vida pública, consiguió con su intercesión el primer milagro de Jesús en las bodas de Caná de Galilea, permaneció al pie de la cruz, y junto a los apóstoles y discípulos del Señor vivió Pentecostés y durante todos estos siglos nos sigue acompañando y orando por nosotros.
Recordemos sus palabras: Hagan lo que Jesús les diga. Escuchar, meditar, vivir, obedecer. Esa es la honra del discípulo.
La Virgen nos lleva a Jesús, sin quitarle jamás la adoración. Nos enseña como amarlo en la persona de los más débiles, sobre todo los enfermos, como aquel buen samaritano del evangelio, que viendo al necesitado se acercó, actuó, y contagió a los demás de su misericordia.
Es en la escuela de María, que aprenderemos a amar como Jesús. Es la Virgen Purísima quien tiene la promesa, de quebrantar la cabeza del dragón infernal, que desde su rebelión al Todopoderoso, quiere arrebatar las almas a Dios, con sus mentiras de siempre, haciéndonos creer que la pompa y la vanidad del mundo valen más que la vivencia del amor, en el sentido bíblico de la palabra y no como mero slogan publicitario.
Santa María, ruega por Nicaragua, ruega por nosotros, que recurrimos a vos.