- Jaime Incer Barquero recibió a inicios de diciembre el premio National Geographic-Buffet Award for Leadership in Latin American Conservation. Superó a 60 candidatos en la región gracias al trabajo realizado en favor del medio ambiente y los recursos naturales de Nicaragua en las últimas cuatro décadas. Como resultado de eso, no espera congratulaciones personales, sino que el país sea reconocido también por sus riquezas ecológicas
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Jaime Incer Barquero es uno de los científicos más reconocidos de Nicaragua. Fue el primer biólogo nicaragüense, fundó el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), inició las áreas protegidas nacionales, ideó el Corredor Biológico Mesoamericano, fundó el primer Parque Nacional y puso la semilla para las leyes ambientales existentes.
Se puede decir que despertó la conciencia ambiental de Nicaragua. Por todo eso, el 6 de diciembre pasado recibió el premio National Geographic-Buffet Award for Leadership in Latin American Conservation (Liderazgo Conservacionista en América Latina) en Washington, de manos de Howard Buffet, hijo del millonario Warren Buffet, conocido como el mayor benefactor de la historia.
Buffett instituyó este premio en el 2005 para América Latina y África, y apenas en su segundo año lo ganó el nicaragüense Incer Barquero, junto al agricultor y conservacionista de Zimbabwe, Zephaniah Maseko, quien recibió la versión africana.
Sin pecar de humilde porque así se presenta, aclara que el premio no sólo llegó por su persona, sino también por quienes lo apoyaron, las universidades y otras instituciones que hicieron posible que su trabajo trascendiera.
Esta entrevista fue publicada en LA PRENSA el pasado 17 de diciembre, pero al ser nombrado por el Consejo Editorial de LA PRENSA como Personaje del Año pensamos que valía la pena republicarla en parte, sobre todo porque su elección se da para reconocerle, como se ha hecho en el extranjero, por su desinteresado e incansable apoyo al medio ambiente, un tema que pareciera no ser prioridad en Nicaragua.
A pesar de sus 75 años de edad, dice que hoy tiene más tareas pendientes que cuando empezó “y menos tiempo para hacerlas”.
¿Qué importancia tiene para usted que en apenas el segundo año se le haya dado este premio, tomando en cuenta que Nicaragua es un país pequeño?
Los esfuerzos que se hacen en los países en desarrollo resultan más meritorios que los que se pueden hacer en países más desarrollados. Trabajar aquí en ese campo cuesta más, no hay un nivel de educación, de avance científico, que si alguien estuviera en Francia. Aquí se está premiando el pionerismo de trabajar en países que nunca han figurado en el mapa del mundo como científicamente avanzados, lo cual hace el esfuerzo más meritorio, uno va a trabajar en lugares donde no hay condiciones, ni voluntades, ni conocimientos, ni apoyos a este tipo de cosas.
¿Para usted en lo personal, qué significa este premio?
Puso a Nicaragua en relieve en relación con los esfuerzos de conservación. Todo el mundo habla de lo mucho que se ha hecho en Costa Rica, y los recursos que llegan allá para el medio ambiente son cuantiosos, en cambio Nicaragua, que tiene iguales o mejores recursos, nunca había sido considerada.
Usted fue titular del Marena, ¿se aporta igual al país desde un cargo público?
Yo creo que, debido a los pocos resultados que la cooperación internacional ha visto en las ejecuciones del Marena, el apoyo que se ha dado se ha ido disminuyendo. La institución se ha vuelto burocratizada. Mucho de lo que llega al Marena no se refleja en la conservación y el manejo de los territorios. Creo que el desarrollo de ciertas organizaciones, iniciativas de carácter local o municipal, y particular, de alguna manera pueden hacer tanto o quizá más de lo que el Gobierno ha hecho, a menos que el nuevo Gobierno reconsidere la situación. Por ejemplo, al Marena le bajaron 100 millones de córdobas en este presupuesto, entonces no sé qué van a hacer.
¿Le han vuelto a ofrecer la dirección del Marena?
No, ninguno, ni yo aceptaría, porque es un puesto frustrante. Cuando yo llegué al Marena no existía (1990)… Yo salí (1994) y los otros ministros nunca se entusiasmaron, como no entendían lo que recibían no hicieron nada, dejaron perder al Marena.
¿Esto se puede revertir?
Si hay voluntad política sí. El área de conservación es la que más apoyo internacional puede recibir, todo el mundo está preocupado por lo que está pasando, los cambios climáticos, la contaminación de los mares, la destrucción de los bosques, pero Nicaragua no ha sabido capitalizar esos entusiasmos. El desarrollo del país no se puede hacer sin el manejo de los recursos naturales, el día que se seque el Río Grande de Matagalpa, adiós Copalar.
¿Qué opina usted de este proyecto?
Es necesario, porque este país tiene que explotar sus recursos hídricos. No estoy diciendo si es bueno o malo. Los proyectos de los canales (interoceánicos) son necesarios, el proyecto de la recuperación forestal es necesario. No se puede montar un desarrollo del país sin tener en cuenta que los suelos se están perdiendo, que los ríos se están secando, que los bosques se están acabando, que los ambientes urbanos se están contaminando de basura. Nicaragua no puede seguir progresando así. Hay lo que se llama el desarrollo sostenible, es decir, de qué forma se puede proceder de tal manera que la naturaleza siga rindiendo beneficios a la economía, pero no que la economía siga viviendo a expensas de la naturaleza, que es lo que hemos hecho.
Una“biblioteca viviente”
Jaime Incer Barquero es uno de los científicos más prominentes de Nicaragua, sin embargo, él se considera más que nada un maestro, debido a que no concibe el conocimiento sin ser transmitido a otras personas interesadas en aprender.
Parte de esa mística lo encaminó hacia el premio que recibió a inicios de diciembre, pues hace algún tiempo ayudó a un grupo de investigadores del Jardín Botánico de Missouri, a realizar el primer inventario de la flora de Nicaragua. Tres décadas después, ellos lo nominaron para el premio National Geographic-Buffet Award for Leadership in Latin American Conservation (Liderazgo Conservacionista en América Latina).
Pero su legado no sólo se expone en los más de 12 libros escritos sobre ciencias naturales, o en sus entrevistas otorgadas sobre la naturaleza y astronomía, sino también en una especie de enredadera descubierta en Nicaragua por el grupo que lo nominó al premio, llamada Gonolobus incerianus, en honor de Incer. La planta destaca por su rara flor color verde y con forma de estrella.
Incer Barquero es una “biblioteca viviente”, tal como lo fueron sus abuelos, quienes junto a sus padres definieron su vocación por los estudios.
El científico salió de su Boaco natal para estudiar la secundaria en Managua a los diez años. Se mudó a León para estudiar Farmacia, pero estaba decidido a no pasar el resto de su vida “vendiendo medicinas detrás de un mostrador”, por lo que se fue a Estados Unidos a estudiar Biología, convirtiéndose así en el primer biólogo de Nicaragua.
Incer Barquero ya tenía los conocimientos químicos de su primera carrera y los biológicos de la segunda, pero quiso ir más allá, al terreno.
Recorrió Nicaragua entera, y en esa travesía se hizo geógrafo del territorio nacional, pero además un destacado historiador. Hoy incluso es presidente de la Asociación Nicaragüense de Astrónomos Aficionados.
A pesar de tener conocimientos profundos sobre la mayoría de los temas que domina (desde pequeño para él fue una ofensa sacar menos de diez en sus clases), Incer Barquero prefiere ser llamado estudioso y no experto.
Aunque el científico no es de los que levanta una bandera, es partidario de proteger los recursos naturales y el medio ambiente. De hecho, es el creador de la Fundación Nicaragüense para la Conservación de la Naturaleza que está dedicada al manejo y protección del volcán Mombacho, y de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible que maneja el Cerro Musún.
A pesar de eso, no es un ambientalista romántico, sino partidario del desarrollo sostenible, pues considera que los recursos naturales deben ser parte de una estrategia de nación, de manera que la naturaleza rinda beneficios a la economía, y no que esta crezca a costa de destruir las riquezas del Estado sin pensar en tener reservas para el futuro.
Eso explica por qué un ambientalista como él esté de acuerdo con la construcción de la represa Copalar, y con que se lleve a cabo el proyecto del canal interoceánico por Nicaragua.
Desde luego, el científico advierte que se deben implementar las normas ambientales debidas para ejecutar cada uno de esos planes, e insiste en que los grandes proyectos no están obligados a ir en contra de la naturaleza, sino que se pueden compaginar, ya que es peor cruzarse de brazos “a ver que el monte crezca”.
La edad de Incer Barquero alcanza los tres cuartos de siglo. Tiene tanta información en su cabeza sobre Nicaragua, que él mismo no sabe si le alcance a publicar todo en lo que le resta de vida.
De ahí su frase sobre sus proyectos pendientes: “Tengo más tareas de las que he hecho y menos tiempo para realizarlas”. Este es el personaje del año 2006 en Nicaragua, con un legado que durará más que sólo un año y que ya trasciende las fronteras centroamericanas.