Es muy difícil expresar con palabras la impresión causada por las imágenes transmitidas en la televisión nacional la noche del jueves de la semana pasada, sobre la reacción de los diputados pactistas ante la negativa del presidente de la Asamblea Nacional, Eduardo Gómez, de abrir una sesión que él consideraba ilegalmente convocada.
Primero se pudo ver rostros descompuestos por la ira y por la vociferación. Luego fueron risas y sonrisas de sarcasmo de los pactistas, satisfechos de ver al señor Gómez levantarse de la mesa y abandonar el recinto. Al final, se captaron las miradas de simpatía entre arnoldistas y danielistas, golpecitos en la espalda e, incluso, abrazos de festejo que hicieron recordar la última escena de la obra de George Orwell, Rebelión en la Granja, en la cual, cerdos y hombres celebraban su alianza y no se podía distinguir entre unos y otros.
Más allá de la pregunta acerca de cuál de las posiciones goza de mejor sustento jurídico, lo triste es la actitud de los diputados pactistas. Lo lamentable es lo que esos rostros —muchos de ellos regordetes y cansados de excesos— revelan y vociferan. Diputados como Wilfredo Navarro se llenan la boca con amenazas contra los medios de comunicación porque son los únicos que señalan sus desmanes, abusos y atropellos. Porque son los que se refieren al estado de descomposición que existe en ese foro político donde, como decía un profeta israelita setecientos años antes de Cristo, refiriéndose a la corrupción de los líderes del pueblo: “Toda cabeza está enferma y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza, no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga. Tus gobernantes son rebeldes y cómplices de ladrones. Todos aman el soborno y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano ni llega a ellos la causa de la viuda”.
No es cierto que los medios de comunicación independientes pretendamos legislar, como señala el señor Navarro. Nuestra responsabilidad es señalar las arbitrariedades que se cometen en nombre de la ley y fustigar a los corruptos. Esa es la esencia de nuestra función y seguiremos poniendo el dedo en la llaga cuantas veces sea necesario, le duela a quien le duela, mientras siga imperando la arbitrariedad, el abuso y la corrupción.
Estos “servidores públicos” un día tendrán que rendir cuentas ante la historia y entonces nosotros estaremos satisfechos de haber cumplido con nuestro deber de informar a la ciudadanía y señalar que la función de los gobernantes no es la búsqueda de su propio beneficio y la satisfacción de sus intereses partidarios, sino la defensa de los intereses de la población.
Por otro lado, es importante recordar que nada de lo que estamos presenciando ocurre sin el visto bueno de los caudillos, Arnoldo Alemán y Daniel Ortega. Todo está bien coordinado y bien planificado. Lo que estamos viendo es una nueva repartición del Estado-botín. Pero esta vez es peor que nunca porque los pactistas controlan absolutamente todos los poderes del Estado.
Los nicaragüenses podríamos estar asistiendo al nacimiento de una de las dictaduras más abusivas de nuestra historia; una dictadura disfrazada de democracia que no tiene ningún tipo de mecanismo de contención; que domina absolutamente a los jueces y magistrados; que pasa por encima de las leyes que ella misma crea cuando éstas se vuelven un impedimento para sus propósitos; que amenaza y trata de intimidar a los ciudadanos y a los medios de comunicación; que se receta innumerables privilegios como si fueran un tipo superior de ciudadano; que actúa como dueño del país y no como sus servidores. Lo que estamos viendo es nada más la punta del iceberg.
Sin embargo, el señor Navarro y todos los que piensan y actúan como él deben saber que los medios de comunicación independientes seguiremos diciéndoles la verdad una y otra vez, día a día, mes a mes, año con año. Seremos como una incesante gota de agua que no dejará de caer. Creemos en el adagio popular que reza “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Nicaragua se verá libre de sus verdugos y saqueadores tarde o temprano. Nicaragua volverá a ser la República que soñó y por lo que luchó el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.