Revisionismo histórico antisemita

El revisionismo histórico es una reinterpretación de hechos pasados cuya validez depende de la legitimidad o no de las motivaciones. Cuando lo que se busca es manipular la historia con fines políticos, lo que hay es sencillamente una práctica pseudocientífica.

Una manifestación de este revisionismo pseudocientífico es la negación del asesinato en masa (Holocausto) de judíos cometido por el régimen hitleriano durante la II Guerra Mundial. El negacionismo es una teoría de conspiración antisemita. Fue eso precisamente lo que organizó esta semana el Ministerio del Exterior de Irán, por medio de una conferencia a la que asistieron unas setenta personas de treinta países. Entre los invitados más connotados se encontraba el ex miembro del Ku Klux Klan norteamericano, David Duke, así como otros reconocidos antisemitas y neonazis. Sin embargo fue notable la ausencia de académicos de prestigio a pesar de que los organizadores del cónclave dijeron que querían proveer un contexto para investigar y discutir la verdad “de manera científica y objetiva”.

La conferencia operó sobre la premisa de que el Holocausto en realidad no ocurrió, sino que fue un invento de los judíos para conseguir el territorio y otros privilegios que les permitiría volver a constituirse como Estado. Uno pensaría que este tipo de “revisión” es un mal chiste de algún grupo de iraníes fanáticos, pero lo cierto es que los postulados de la conferencia van en serio y el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, es uno de sus más connotados exponentes.

Irán pretende restar importancia al crimen de lesa humanidad cometido por el régimen nazi de Adolfo Hitler contra seis millones de israelitas y, tal vez, de esta manera, reducir simpatías hacia ese país cuyo pueblo y religión odian visceralmente. Tan es así que el presidente iraní Ahmadinejad declaró una vez más su regocijo de intuir —basado en quién sabe qué— que los días de Israel están contados porque este país “pronto será borrado del mapa, así como lo fue la Unión Soviética”. Esto podría suceder sólo si Irán atacara con armas nucleares a Israel. Pero es obvio que Irán, asimismo, buscaba con esa conferencia, desviar la atención del mundo de su programa nuclear el cual ha sido censurado por el Consejo de Seguridad de la ONU, pero que el gobierno iraní insiste en llevar adelante. Sin embargo, las declaraciones de Ahmadinejad en relación a la supuesta pronta desaparición de Israel, lejos de quitar la atención de su programa nuclear más bien hacen que el mundo medite profundamente sobre la urgente necesidad de evitar que ese país llegue algún día a tener acceso a bombas atómicas.

Desde luego que el mundo ha reaccionado condenando este burdo revisionismo histórico antisemita. Israel así como Alemania, Francia e Inglaterra llamaron a la comunidad internacional a rechazar la ominosa conferencia iraní y a formar un frente firme contra el proyecto nuclear de Ahmadinejad. El Vaticano se pronunció contra la controvertida conferencia organizada en Irán y dijo que el Holocausto “fue una tragedia horrible ante la cual no se puede permanecer indiferente, que no hay duda alguna de que ocurrió y que, además, debe servir como una advertencia acerca de la importancia de respetar los derechos de las demás personas”. La Casa Blanca dijo que esta conferencia antisemita era una “afrenta para todo el mundo civilizado”. Al mismo tiempo, Irán trata de atizar el sentimiento antisemita entre la comunidad de países árabes, algo temerario e imprudente en el contexto actual de la ocupación de Estados Unidos en Irak y de la reciente invasión de Israel al Líbano.

Inglaterra, China, Francia, Rusia, Estados Unidos y Alemania han estado debatiendo por meses sobre los términos de una resolución de condena del Consejo de Seguridad de la ONU, así como de sanciones contra Irán. Es de esperarse que luego de esta conferencia, el Consejo de Seguridad va a acelerar la emisión de su resolución, pues ha quedado en evidencia que el gobierno de Ahmadinejad representa un peligro real y muy serio para la paz y la estabilidad en el Medio Oriente y en todo el mundo.

La manipulación de la historia es un viejo hábito de regímenes autoritarios y totalitarios que pretenden “lavar el cerebro” de sus ciudadanos. Sin embargo, sólo consigue el repudio de la gente pensante.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí