La semana pasada el New York Times publicó en su sección Ciencia, un artículo escrito por Carl Zimmer titulado: No puede ser amor. El escrito se refiere a ciertos insectos, incluyendo la mantis religiosa o santateresa, que devoran al macho luego del acoplamiento. La mantis deja que el macho la corteje y antes de que termine el apareamiento le arranca la cabeza a mordiscos y termina de devorar el resto de su cuerpo. Al final, sólo deja las alas. Los científicos llaman a este comportamiento canibalismo sexual y especulan acerca de sus posibles causas. Unos piensan que obedece simplemente al voraz apetito de la hembra. Otros, que se trata de una selección que hace la hembra del macho que quiere que la fertilice. Y, finalmente, que los machos se sacrifican voluntariamente para que la hembra pueda contar con suficientes reservas de nutrientes para alimentar a los futuros críos. Lo cierto es que un 63 por ciento de la dieta de las hembras mantis es a base de machos de su misma especie.
Sin embargo, no todos están dispuestos a perder la cabeza en las fauces de la insaciable hembra. En efecto, los machos que quieren salvar sus vidas esperan que la hembra sacie su apetito con otras presas, o, después que la fertilizan, esperan a que tenga algo en sus fauces antes de desmontarla y, luego, saltan a larga distancia de ella. Zimmer reporta que la manera en que la hembra atrae a los machos es por la emisión del olor de las feromonas, sustancias químicas producidas por sus glándulas sexuales. Curiosamente, a veces las hembras usan las feromonas no porque anden buscando amor sino simplemente porque tienen hambre y saben que no faltará un macho imprudente e impulsivo que se lance a su conquista. En todo caso, hay una verdad clara de toda esta investigación y es que el canibalismo de la hembra mantis se debe nada más que a su elevado instinto de supervivencia.
El comportamiento de algunos políticos refleja asombrosamente el de las hembras mantis. Por ejemplo, el sandinismo orteguista ha estado en una constante campaña de emisión de feromonas hacia otras fuerzas políticas para atraerlas y hacer alianzas con ellas. La carnada es la promesa de que todos sus aliados van a gobernar con Daniel Ortega en igualdad de términos. Así han atraído a miembros del Partido Liberal Nacionalista (PLN), a supuestos ex miembros del MRS, liberales arnoldistas y activistas de ALN. Ortega dice que, de la misma manera que en 1979 el pueblo nicaragüense se unió alrededor del FSLN para derrotar a la dictadura somocista, debe hacerlo también ahora para derrotar la pobreza. Esa es su feromona. Sin embargo, Ortega no dice que después de 1979 traicionó la confianza que le dio todo el pueblo nicaragüense en aquella ocasión y excluyó poco a poco a las fuerzas democráticas representadas en la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, hasta que impuso la dictadura personal y partidista —supuestamente revolucionaria— que llevó a Nicaragua a la etapa más oscura de su historia. Ya en el poder Daniel Ortega olvidó sus compromisos y devoró a sus aliados. Si ya lo hizo una vez, ¿por qué debemos pensar que no lo hará de nuevo?
En el caso del PLC arnoldista, su estrategia para atraer aliados es la supuesta fortaleza de su organización y que es la única que puede derrotar al FSLN. Sin embargo, al PLC lo ha debilitado el control de Alemán e, indirectamente, del FSLN. Además, su descrédito se debe a la corrupción desmesurada que hubo en el gobierno de Alemán y porque éste pactó con el FSLN sólo para repartirse el botín del Estado y asegurarse una diputación nacional, que le permitiría seguir gobernando desde la Asamblea Nacional a cambio de bajar el porcentaje para ganar en la primera vuelta a solo el 35 por cierto de los votos y así facilitar el regreso de Daniel Ortega a la Presidencia de la República .
Pero después de que se fortaleció mediante el pacto, Ortega les cortó la cabeza. El PLC lo perdió casi todo, salvo los puestos públicos y su parte del botín económico. Perdió el control de la Corte Suprema, del Consejo Supremo Electoral y de la Asamblea Nacional. La moraleja de esa sórdida historia es que quienes hacen alianza con Ortega y lo fortalecen, se suicidan políticamente.