Las obras de infraestructura y urbanísticas son símbolo del progreso y desarrollo de una ciudad y de un país en términos generales. Y en el caso específico de Nicaragua, estas obras demuestran que el país y su gente son capaces de avanzar y progresar, a pesar de todas las adversidades que han sufrido y continúan padeciendo.
En ese sentido, los dos pasos a desnivel que se han construido en Managua, uno por el Gobierno del presidente Enrique Bolaños y el otro por la Alcaldía de Managua liderada por el alcalde sandinista Dionisio Marenco, significan por un lado soluciones al congestionamiento del tránsito vehicular en las zonas donde fueron construidos, y por otra parte enorgullecen a los nacionales y atraen a los extranjeros, turistas e inversionistas.
Los expertos en la materia advierten que los pasos a desnivel deben construirse en estricto apego a las normas de calidad de la obra y de seguridad para los usuarios. En estos casos, como se dijo editorialmente en el periódico estadounidense ENR (Enginnering News-Record), en su edición del 24 de julio recién pasado a raíz de que un derrumbe del techo del túnel que une a la carretera I-95 con la ciudad de Boston matara a una mujer, la obligación de seguridad se debe cumplir como si la vida que se va a salvar fuera la propia.
Ciertamente, en la construcción de un túnel o paso a desnivel se deben tomar en cuenta con criterios muy rigurosos, las condiciones del terreno —por ejemplo si hay una falla geológica o no, si cruzan por el lugar conductos de agua o de electricidad y comunicaciones—, el tipo y calidad de los materiales de construcción, la capacidad y experiencia de ingenieros y demás trabajadores a cargo de la obra, etc. Pero también es indispensable que haya la máxima transparencia en el diseño y la ejecución de la obra. La población en general y los usuarios en particular, deben tener suficiente y clara información que les permita confiar en que se han respetado las especificaciones técnicas y normativas de calidad y seguridad.
Sin embargo, en la construcción del paso a desnivel de la Colonia Centroamérica lo que menos ha habido es transparencia. Y por lo tanto han cundido las especulaciones, temores y sospechas de que dicha obra no llena los requisitos de calidad y de seguridad indispensables. Además, en vez de dar las explicaciones públicas correspondientes, la Alcaldía de Managua y personalmente el alcalde Dionisio Marenco han respondido con arrogancia autoritaria.
En efecto, ante los señalamientos que hicieron algunos ingenieros por medio de LA PRENSA —con el ruego de omitir sus nombres por temor a represalias— acerca de que los muros del paso a desnivel podrían ser frágiles y que se habrían cometido peligrosos errores tanto en la determinación de sus dimensiones como en las posteriores obras de reforzamiento, el alcalde Marenco mandó a los periodistas y a cualquiera que tenga dudas, a que midan ellos mismos las dimensiones de los muros.
El arquitecto Eduardo Chamorro Coronel le tomó la palabra al alcalde Marenco, fue a medir las dimensiones de los muros y comprobó que al menos en parte las denuncias de los ingenieros son básicamente correctas. Sin embargo, lo que hizo el alcalde Marenco —según denuncia del arquitecto Chamorro Coronel— fue llamarlo por teléfono con palabras y tono amenazantes.
Si se tratara de una obra en el patio de la residencia del señor Dionisio Marenco sólo a él le importaría que se hiciera de mala o buena calidad. Pero el paso a desnivel es de todos los managua, inclusive de todos los nicaragüenses. Esa obra no se ha construido con dinero del alcalde Marenco sino con impuestos de los ciudadanos capitalinos. Y las consecuencias que deriven de una mala calidad de la obra —en mantenimiento más costoso y gastos de reparación, así como en las vidas humanas que podría cobrar un derrumbe de los muros— las pagarían personas comunes y corrientes que quizás ni siquiera pertenezcan al partido del señor Marenco.
El alcalde Marenco está obligado a brindar las explicaciones necesarias para que la ciudadanía pueda confiar en la buena calidad y la seguridad del paso a desnivel, pues si fuera cierto lo que han denunciado los ingenieros que con toda razón pidieron no ser identificados públicamente, en cualquier momento podría ocurrir una tragedia humana de insospechadas proporciones.