El Movimiento por Nicaragua hizo una investigación en los colegios de secundaria de las cabeceras departamentales del país, con el apoyo del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD), que dio como resultado la información de que el 81 por ciento de jóvenes estudiantes de 15 a 19 años de edad no tiene su cédula de identidad. “Si este porcentaje se traslada a la población de entre 15 y 19 años, de 615,538 (INEC, población estimada en el 2003), representaría que en ese rango de edades 498,586 ciudadanos no cuentan con su documento de identidad”, dice el estudio de dicho organismo cívico que promueve la cedulación de los nicaragüenses más jóvenes, para que puedan ejercer su derecho ciudadano al sufragio.
Durante una visita que directivos del Movimiento por Nicaragua hicieron al Consejo Editorial de LA PRENSA, la semana pasada, nos informaron que habían presentado ante la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) su temor acerca de “la existencia de una estrategia por parte de las autoridades electorales y municipales, para retardar deliberadamente la tramitación de partidas de nacimiento y cédulas de identidad a decenas de miles de ciudadanos nicaragüenses”. Según el Movimiento por Nicaragua esa estrategia podría “tener por objetivo favorecer en los resultados de las elecciones de noviembre del 2006 a las fuerzas políticas que controlan el Consejo Supremo Electoral y las Alcaldías Municipales y que tienen un voto “duro” asegurado, al evitar que el mismo se diluya por el ingreso de nuevos votantes al Padrón Electoral”.
En realidad, al menos teóricamente el ingreso de nuevos votantes al Padrón Electoral favorece a las fuerzas políticas emergentes y perjudica a los partidos tradicionales que hicieron el pacto para repartirse las instituciones del Estado y alternarse en el ejercicio del poder, o compartirlo, por dos razones fundamentales: primero, porque a juzgar por las encuestas los votos juveniles tienden más a apoyar a las fuerzas democráticas que hacen la competencia electoral a los partidos tradicionales del pacto; y segundo, porque la magnitud del voto fiel o duro de esos dos partidos se reduce inevitablemente en la medida en que aumenta el universo de electores.
De manera que parece tener sentido el temor del Movimiento por Nicaragua de que las dificultades para obtener la cédula sean creadas deliberadamente, para que muchos ciudadanos del segmento más joven de la población no puedan votar en las elecciones del próximo 5 de noviembre, cuyos resultados podrían ser muy apretados —como ha ocurrido en otros países de América Latina— y unos votos más o menos podrían decidir la contienda.
Cabe señalar al respecto que la diferencia de Nicaragua con respecto a Costa Rica, Perú o México, donde las últimas elecciones se decidieron por un ínfimo porcentaje de votos, es que en estos países los órganos electorales del Estado funcionan de manera muy profesional y gozan de la credibilidad ciudadana. Es cierto que sus integrantes son designados por los congresos y propuestos por los partidos políticos, pero no se subordinan a las entidades partidistas y mucho menos a caudillos autoritarios.
El Consejo Supremo Electoral tiene que hacer claras y convincentes demostraciones de que a pesar del pacto libero-sandinista —que se hizo para partidarizar las instituciones democráticas republicanas—, en las elecciones del 2006 actuará con honestidad igual que actuó en los comicios nacionales del 2001. Y que a la hora de las elecciones y de que haya un resultado muy parejo de las votaciones, igual que las autoridades electorales de México tampoco se dejará intimidar por ningún caudillo autoritario que pretenda sesgar a uno u otro lado el escrutinio y adulterar la voluntad popular.
El Consejo Supremo Electoral podría demostrar desde ahora mismo que es merecedor de la confianza de los ciudadanos nicaragüenses y de la comunidad internacional, si facilitara efectivamente la obtención de las cédulas para lo cual debería comenzar prorrogando, al menos por un mes, el plazo para solicitarlas que vence el 6 de agosto próximo.