Guerra en el Líbano… otra vez

Después de cinco años de relativa paz, el Líbano vuelve a sufrir la zozobra y la destrucción de la guerra. Hezbolá —milicia chiíta apoyada por Irán y Siria que opera libremente en la zona sureste de ese país— tomó como prisioneros de guerra y rehenes a dos soldados israelíes, en territorio de Israel, cerca de la frontera y lanzó cohetes contra el territorio israelita. Hezbolá ha realizado otros secuestros en el pasado. Este ha sido tradicionalmente su modus operandi. En octubre del 2000 secuestró a tres soldados israelíes y se los llevó al Líbano. Israel cedió a sus exigencias pero lo que entregaron los terroristas fueron los cadáveres de los secuestrados. Esta vez se cree que Hezbolá actuó bajo instrucciones de Irán para desviar la atención de la discusión de su programa nuclear en la reunión del G-8 en Rusia. Es posible. En todo caso, la población civil de Líbano es la que está pagando las peores consecuencias.

Ante la represalia de Israel, la milicia musulmana lanzó misiles sobre la población civil israelita y la reacción del ejército hebreo ha sido enérgica. El número de víctimas mortales se acerca a los cuatrocientos llevando los libaneses la peor parte. Israel bombardea por aire y tierra objetivos militares en territorio libanés, incluyendo aeropuertos, carreteras, edificios y bodegas donde Hezbolá guarda misiles y pertrechos militares. Autoridades israelíes dicen que no van a cesar los ataques hasta recuperar a sus soldados y diezmar al enemigo.

La severidad de la respuesta israelí ha generado comentarios divididos en la comunidad internacional. La Unión Europea dijo que sus ataques son desproporcionados y la Organización de Naciones Unidas (ONU), por medio de su Secretario General, Kofi Annan, ha pedido un cese al fuego total y el respeto de los civiles. Sin embargo, Estados Unidos e Inglaterra coinciden en que es necesario dar más tiempo a Israel para que castigue con mayor fuerza a la milicia terrorista. La extensión del conflicto podría causar una escalada militar que incluiría a Siria e Irán, países que siempre han apoyado militarmente a Hezbolá. Israel demanda que Hezbolá sea desarmado en cumplimiento de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Hezbolá —el Partido de Dios— es una organización político-militar musulmana que, financiada por Irán, surgió en los años ochenta con el expreso propósito de combatir contra Israel y expulsar sus tropas de ocupación en Líbano. Pero a pesar de que Israel se retiró en el 2001, Hezbolá siguió operando desde territorio libanés porque su propósito fundamental siempre ha sido la destrucción del Estado de Israel, al cual niega el derecho a existir. Hezbolá, como consecuencia de la llamada “revolución de los cedros” que obligó a la desocupación siria, participó en las elecciones, logró asientos en el Parlamento y dos de sus miembros fueron nombrados como ministros. A cambio el ejército de Hezbolá —que es más grande que el del propio Líbano— tenía que ser desmantelado en cumplimiento de la Resolución de la ONU. Sin embargo, Hezbolá se ha negado a cumplir con dicha resolución y ha seguido sus incursiones en territorio israelí a vista y paciencia del gobierno de Líbano, que se declara incapaz de cumplir la obligación contraída ante la comunidad internacional.

El primer ministro libanés Fouad Siniora lloró en la televisión y pidiendo a la comunidad internacional que presione a Israel para que cese los ataques y se evite el desastre de su país. Sin embargo, al mismo tiempo, respalda el supuesto derecho de Hezbolá a su lucha contra Israel y se declara incapaz de cumplir la resolución 1559. Si el Gobierno libanés desea realmente una solución definitiva , debe asumir con firmeza el control de su territorio y facilitar el desmantelamiento de Hezbolá.

Israel tiene derecho a defenderse y es comprensible su actitud de responder militarmente a la agresión de Hezbolá. La única solución de este episodio del interminable conflicto del Oriente Medio es que fuerzas armadas multinacionales de la ONU se hagan presente en el Líbano y obliguen al cumplimiento de la resolución 1559. Cualquier otra medida es un remiendo. Es inaceptable que por un lado las autoridades libanesas toleren los actos terroristas de Hezbolá desde su territorio y, por el otro, pidan al mundo que Israel deje de atacar el territorio que sirve de base de agresión a sus enemigos.

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