La importancia de China comunista en el contexto internacional actual es indiscutible. El mundo entero tiene puestos los ojos en lo que está ocurriendo en ese gran país y algunos se aventuran a decir que ese país será a mediano plazo la primera potencia económica mundial. Los medios de comunicación chinos son parte de este proceso de transformación de una economía centralizada y controlada por el Estado a otra de libre mercado. Hay empresarios extranjeros deseosos de invertir en la industria de la comunicación en ese país, pero en esta área, la transformación se produce a un paso demasiado lento.
La causa principal de esta lentitud es que para los chinos comunistas el concepto de libertad de expresión tiene matices propios. Ellos perciben a los medios de comunicación como instrumentos de defensa del Estado y no como vigilantes y críticos de su gestión. De ahí que el mundo democrático vea con preocupación una reciente ley china que prohíbe a los medios de comunicación publicar cierto tipo de noticias.
En efecto, dicha ley castigará con multas de hasta 12,500 dólares a medios de comunicación que desplieguen “eventos repentinos” especialmente relacionados con situaciones de emergencias públicas equivalentes a lo que conocemos como noticias de última hora. Estas “emergencias públicas” incluyen accidentes, crisis de salud pública, disturbios sociales y desastres naturales. La ley de censura se aplica a periódicos, revistas, televisión y sitios de Internet.
El argumento de las autoridades chinas es que el despliegue repentino de este tipo de información “podría causar serios daños” al país. Pero con frecuencia es todo lo contrario. Precisamente una de las funciones principales de los medios de comunicación independientes es arrojar luz sobre temas que requieren atención y tratamiento. La no divulgación de estos temas hace más daño que bien. Ya China cometió ese error en el 2003 cuando el gobierno minimizó la crisis generada por el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SRAG) en Pekín. En consecuencia, mucha gente no supo qué hacer, qué medidas preventivas tomar, cómo evitar su propagación, etc., y la mortal enfermedad generó pánico. Lo mismo ocurrió en la extinta Unión Soviética cuando en el año 1986 hubo una explosión de un reactor nuclear en la planta de Chernobyl, en el norte de Ucrania. El gobierno soviético hizo hasta lo imposible por mantener oculta la verdad de la situación a su propia población. Muchos soviéticos se informaron en detalle de lo ocurrido, a través de las agencias noticiosas internacionales. En Nicaragua, durante el sandinismo, en los períodos de cruda censura el gobierno también ocultó información a la población, especialmente en lo relativo a la gravedad de la situación económica pero también hasta en noticias sobre personalidades deportivas .
Impedir la libre circulación de la información hace más daño que bien a los gobiernos y a los países que representan. Ellen Hume, directora del Centro de Sociedad y Medios de Comunicación de la Universidad de Massachussets, dice: “Es imposible maximizar la estabilidad política, el crecimiento económico y la democracia sin la libre circulación de la información”. Efectivamente, la libertad de información fortalece el Estado de Derecho y, por ende, la estabilidad política sin la cual ningún país puede ser atractivo para la inversión. Sin embargo, la censura sigue siendo en China continental un medio de protección de los funcionarios públicos y del Gobierno. Para los dirigentes de ese país, divulgar información de interés nacional podría desestabilizar la sociedad y generar críticas contra el Gobierno. Se trata, sencillamente, de una actitud autoritaria, paternalista y perfeccionista, profundamente enraizada en el actuar político de los regímenes comunistas.
El hecho es que los periodistas y socios capitalistas en los medios de información en China tendrán que pensarlo dos veces antes de publicar alguna noticia clasificada como “de última hora” pues las multas se aplicarán cada vez que se viole el precepto. Según un estudio del Banco Mundial, los países en los que hay medios de comunicación independientes y de propiedad privada, tienen niveles de educación y salud más altos; menor corrupción y economías transparentes. De tal manera que esta ley de censura indudablemente viene a ser un revés en el desarrollo político y democrático de China.