MIAMI/AP
Las amenazas, robos y golpizas que sufrió Belazario Rivera comenzaron en la secundaria.
La temida Mara 18 (M-18) dominaba una parte del pueblo hondureño donde vivía con su abuela, en tanto la Mara Salvatrucha dominaba la otra. Zapatos nuevos o cualquier prenda nueva hacían de un blanco seguro. Rivera se negaba a ser parte de las maras, y por eso lo despojaban de todo lo que tenía.
Un día, un pandillero mostró su revólver a su abuela y le dijo: “Con esto voy a matar a tu nieto”. Rivera se fue a vivir con su madre en Miami, parte de una ola constante de jóvenes centroamericanos que piden asilo en Estados Unidos para escapar de las pandillas.
Puesto que cruzan la frontera ilegalmente, nadie sabe cuántos son, pero los abogados dicen que la ola crece sin cesar.
Rivera, como la mayoría de los indocumentados en su situación, perdió el caso y está a punto de ser deportado. Se sabe de por lo menos un deportado que fue asesinado por una pandilla al regresar.
“Quieren que todos sean miembros de la pandilla. Tratan de reclutar gente, y uno tiene problemas con ellos. Si uno se niega, tiene que pagarles sólo para entrar a su propia casa. Así no se puede vivir”, dijo Rivera, de 27 años.
Bajo la ley estadounidense, el inmigrante que pide asilo debe demostrar que teme la persecución por razones de raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social.
Los defensores de los inmigrantes dicen que la ley debería cubrir también casos como el de Rivera, perseguido por las pandillas.
Las pandillas tienen entre 70,000 y 100,000 miembros en Centroamérica, donde se dedican al tráfico de inmigrantes, drogas y armas y también al secuestro, según las autoridades.
En febrero, un juez en la Florida denegó el asilo a un hondureño de 18 años que dijo que lo perseguían por pertenecer a un grupo social: varones en edad escolar que se niegan a entrar a la pandilla, según documentos del tribunal.
Los abogados suelen citar el caso de Edgar Chocoy, un adolescente guatemalteco que fue asesinado por su ex pandilla poco después de su deportación.