Manu Ginóbili, Tim Duncan, Gregg Popovich y los demás integrantes de los Spurs de San Antonio despertaron ayer con una nueva identidad: No son ya el mejor equipo de la NBA, de la Conferencia del Oeste ni de su división.
De hecho, ni siquiera son el mejor equipo de Texas.
Los Mavericks de Dallas liquidaron a los Spurs en una serie intensa de segunda ronda de los playoffs, al ganar el lunes el séptimo partido, en tiempo de prórroga. Así, Dallas inclinó a su favor la balanza del poderío en la división.
Con sus enfrentamientos, los Spurs y los Mavs han fraguado sin duda una de las mayores rivalidades en la NBA.
Los Spurs perdían por 3-1 la serie y estaban abajo por 20 puntos en el séptimo partido, pese a encontrarse en su casa. Remontaron para tomar la ventaja en los últimos minutos, pero no pudieron conservarla.
“Tuvimos una última oportunidad de hacer el disparo para ganar el partido y la serie”, lamentó el argentino Ginóbili, quien cometió una falta sobre el alemán Dirk Nowitzki, con 21 segundos restantes en el tiempo regular, lo que derivó en el tiro libre que empató el marcador.
Luego Ginóbili falló el tiro que hubiera dado el triunfo a su equipo, con unos 6 segundos por jugar. “Es algo muy duro, pero debemos seguir adelante”.
Durante mucho tiempo, los Spurs han sido la potencia tejana, al cosechar títulos divisionales y campeonatos de la NBA, mientras los Mavericks cambiaban incesantemente de jugadores y de identidad.
Esta serie cambió todo.
Avery Johnson, quien fue astro de San Antonio, utilizó su versión del sistema empleado por Popovich, el técnico de los Spurs, para vencerlos.
Los Spurs tienen motivos para estar preocupados. Dallas parece el equipo con el futuro más promisorio.
Sin embargo, es difícil imaginar que los Spurs emprenderán una reestructuración. Después de todo lograron la mayor cantidad de victorias en la historia de la franquicia durante la temporada regular y vienen de cosechar dos títulos en tres años.