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A mediados del año pasado, es decir, dos temporadas y media después de haber sido adquirido por los Mets, Tom Glavine mostraba récord de 26-35 y 4.14.
Eso no era por supuesto lo que esperaba el equipo neoyorquino cuando desembolsó más de 40 millones de dólares para tenerlo durante cuatro años.
Glavine, con su endeble figura y su escaso poder, pareció siempre la imagen zurda de Greg Maddux, su otrora compañero en los Bravos, donde ambos forjaron una dinastía.
Pero desde aquel momento —mitad del 2005— Glavine ha coleccionado marca de 14-8 y 2.29, mientras recupera el valor de sus acciones y el entusiasmo de la tropa de Nueva York.
Ha sido tan así que el pasado 7 de mayo los Mets reestructuraron el contrato y lo ampliaron por un año más, hasta el 2007, lo que tiene contento a Glavine.
Junto a Scott Kazmir de Tampa y Kenny Rogers de Detroit, Glavine encabeza las Ligas Mayores con siete victorias.
¿Qué permitió la mejoría? De acuerdo a Glavine, su problema era localizar sus pitcheos, es decir, situarlos en el lugar deseado tras la modificación de la zona de strikes en las Grandes Ligas.
Desde hace tres temporadas, los umpires de las Mayores trabajan con un sistema computarizado de avanzada tecnología, llamado QuesTec, que les permite que las famosas 17 pulgadas de la zona de strikes, sean más objetivas.
“Antes de implementar ese método, yo podía lanzar y aprovechar un margen que ampliaba la zona hasta 23 pulgadas, las que no podían ser cubiertas por los bateadores, pero al reducirla a lo que dice la regla, tuve dificultades y debí hacer ajustes”, dice.
Glavine se olvidó un poco de sus cambios altos y recurrió más a sus pitcheos de rotación, pero siempre con su control como punta de lanza.
“Si no ejecutas bien o no localizas bien los pitcheos, eso es reparable. Lo que no es reparable, es cuando tu material va en declive y yo no he sentido eso aún”, dice el lanzador.
Los bateadores deben estar de acuerdo con su apreciación.