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Si el Presidente boliviano Evo Morales se sale con la suya, usted podría pronto pedir que le sirvan una tasa de mate de coca en vez de capuchino de su café preferido.

Morales quiere darle a miles de cocaleros bolivianos acceso a nuevos mercados. Se imagina un uso ampliado de la coca como ingrediente en bebidas, goma de mascar, pasta dental y aderezos para alimentos. Tradicionalmente la hoja ha sido usada en la región andina para combatir el hambre, el frío y la fatiga al igual que en prácticas medicinales y sagradas. Más recientemente ha sido transformada por el narcotráfico en la lucrativa cocaína.

El plan de Morales es el segundo de dos pilares que conforman su estrategia de lucha contra las drogas. El primero es la continuación de los métodos convencionales de interdicción de cocaína y lucha contra narcotraficantes, lavado de activos y la importación de precursores químicos usados para la producción del estupefaciente. Funcionarios bolivianos aseguran que algunos de dichos esfuerzos convencionales ya han brindado resultados mejores que en años pasados.

El segundo pilar, la llamada “revalorización” de la hoja de coca, es el problema. Desde la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes, la coca misma ha sido clasificada como una sustancia ilegal tan dañina como la cocaína o la heroína. Morales y muchos otros ven dicha clasificación como un error histórico que necesita ser corregido.

“La coca no es cocaína”, dijo Morales esta semana ante el Parlamento Europeo. ¿Cómo puede ser posible, se preguntó, “que la coca sea legal para la Coca-Cola y no para los pueblos originarios y campesinos?” Bajo una excepción especial de la Convención de 1961, el uso de las hojas de coca como una fuente de sabor sin su componente alcaloide es permitido, una excepción que Coca Cola continúa aprovechando.

Funcionarios del gobierno de Morales trajeron un mensaje similar a Washington la semana pasada. Durante un encuentro de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la Organización de Estados Americanos, Mauricio Dorfler Ocampo, vicecanciller boliviano, le pidió a la comunidad internacional distinguir entre los usos legales e ilegales de la hoja. También pidió el cambio del status de la coca en las convenciones internacionales con el propósito de ayudarle a su gobierno a darles a los cocaleros alternativas viables para subsistir.

Hasta ahora su solicitud ha sido recibida con escepticismo a ambos lados del Atlántico. Funcionarios temen que la legitimación de la hoja debilite la lucha antidrogas en su conjunto. También sería una derrota simbólica el hecho de que Bolivia seguramente elevaría su rango entre los principales productores de coca después de recientes y muy alabadas reducciones.

En Washington, funcionarios creen que la producción ya está aumentando. Anne Patterson, secretaria asistente de estado para Asuntos Internacionales de Narcóticos y Policiales, asegura que el compromiso de Morales con la erradicación de coca es “mediocre”. En una reciente visita a La Paz le dijo a funcionarios bolivianos que las actuales tasas de erradicación son la mitad de lo que fueron en 2005.

Funcionarios de otros países de las Américas también han expresado preocupación con que el plan de Morales principalmente favorecería al tráfico ilegal de drogas. Específicamente les preocupa un aumento de sus efectos corrosivos en sus propias calles, donde la violencia alimentada por el tráfico de cocaína está en aumento como lo demostraron las muertes de esta semana en Sao Paulo.

Bajo la actual ley boliviana, los cocaleros puede cultivar legalmente hasta 12 mil hectáreas para el consumo tradicional doméstico, principalmente el mate de coca y el acullico o masticado de la hoja. La Unión Europea ha acordado financiar un estudio para determinar una medida más exacta. Morales ve el estudio como una oportunidad para asegurar que la cifra de 12 mil aumente.

Uno podría decir que al argumentar que son necesarios más cultivos, Morales ya está reconociendo la derrota en controlar el suministro de hoja de coca al mercado ilegal. También parecer ingenuo pensar que alentar a los cocaleros a producir cultivos para productos que todavía no han sido comercializados podría ser más exitoso que lo que ha sido la substitución de cultivos para la reducción general del uso ilícito de la coca. Entretanto los narcotraficantes con sus sofisticados medios para desarrollar y distribuir su producto a nivel mundial serían los primeros en beneficiarse de un aumento de la producción.

Morales encarna un cambio fundamental del poder en Bolivia que, como le gusta proclamarlo, está poniendo al país en manos de sus justos dueños, la mayoría indígena. Como parte de ese cambio se espera que Morales imponga control sobre las tierras y los recursos de sus ancestros. Morales ya ha nacionalizado la industria de hidrocarburos. Para la coca, quiere desarrollar productos alternativos.

El antiguo líder del movimiento cocalero tiene todavía un largo camino por delante para convencer a la comunidad internacional que su plan es una propuesta novedosa para combatir las drogas promoviendo usos alternativos sin necesidad de continuar atacando a los indígenas proveedores de coca.

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