Las próximas dos semanas serán claves para el rumbo que siga Latinoamérica. Éste dependerá de los resultados de las elecciones del domingo 28 en Colombia y del 4 de junio en Perú.
Si ganan Álvaro Uribe y Alan García constituirá un quiebre para el “arco virtuoso” y “progresista” del que habló algún día el canciller uruguayo Reinaldo Gargano y será un freno para el “imperio bolivariano” con que sueña y apuntala con pocas ideas pero con muchos dólares el teniente coronel Hugo Chávez.
Y parecería que eso puede suceder. En Colombia las encuestas dan por segura la reelección de Uribe; con muchas probabilidades de obtener más del 50 por ciento en la primera vuelta, pero sin duda alguna, si se va a un balotaje o segunda vuelta.
En Perú los porcentajes favorecen a García. Por ahora la ventaja es de 12 puntos (56 a 44), pero todo está muy sujeto al día después del debate entre los dos candidatos previsto en principio para el domingo 21.
Lo de Perú tiene una especial importancia. El apoyo de Chávez a Ollanta Humala ha sido desembozado y aparentemente con fuerte efecto negativo para la imagen y la suerte de éste. El Presidente venezolano ha anunciado que si gana García, su país romperá relaciones con el Perú. Es una promesa, la que es muy probable que deba encarar: si cumple será una muestra elocuente de que carece de la mínima estatura que en esa materia se espera de un mandatario, si no lo hace, y no rompe como dijo, quedará como un “bocón”.
García puede ser una espina muy molesta para Chávez. No se va a “bancar” ni va a dar vuelta la cara, como lo han hecho la mayoría de los presidentes de la región, ante las intromisiones, desplantes o bravuconadas del venezolano, por mas dólares que desparrame. Chávez va a tener enfrente y en contra a un militante que no es nada tonto, que no necesita de su petróleo ni le teme a su alianza con Evo Morales y con Cuba.
Si a estos posibles triunfos de Uribe y García se suma que en México la candidatura del izquierdista Andrés Manuel López Obrador ha perdido fuerza y que en Nicaragua el apoyo de Chávez a Daniel Ortega y la plata que dice regalar pero que en realidad presta a los municipios sandinistas, tienen como en Perú efectos negativos, puede vislumbrarse una potencial coalición con fuerzas suficientes para frenar o enfrentar el avance del “imperio bolivariano”.
El tan mentado “arco”, entonces, podría venirse abajo. Aún cuenta a su favor, es un hecho, con el sentimiento antinorteamericano de las mayorías latinoamericanas, al que la administración Bush alimenta cada tanto.
Pero también tiene una contra grande —muy grande— que son las desavenencias entre los propios integrantes del conglomerado. El Mercosur en crisis, Argentina y Uruguay en conflicto por las papeleras; relaciones tirantes con Bolivia por la nacionalización del petróleo, que afecta fuertemente a Argentina y principalmente a Brasil; doble juego de Kirchner con respecto a Brasil y Venezuela, más la indiferencia prudente y distante, casi ajena a la región, de Chile.
Lo que funciona es el eje Bolivia, Venezuela y Cuba. Pero no más que eso. También es un hecho que cada vez resultan más molestas las incursiones de Chávez y sus veleidades de líder continental.
Algunos de sus socios y viejos amigos lo ven como demasiado entrometido. Brasil parece estar ausente o dormido, pero en realidad esta agazapado.
(El autor es periodista uruguayo)