ronaldinho está llamado a convertirse en la gran figura del campeonato Mundial de futbol. (la prensa/ ap)

ARTE, GOL Y FANTASÍA

[doap_box title=»Usan la cabeza» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Los «10» son líricos, tratan a la pelota plagados de buenos sentimientos. Usan las piernas como todos, pero más la cabeza. Como la usó el argentino Ariel Ortega en el Mundial de Francia de 1998, cuando heredó la 10 que dejó Maradona. Argentina venía de eliminar a Inglaterra y […]

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Los «10» son líricos, tratan a la pelota plagados de buenos sentimientos. Usan las piernas como todos, pero más la cabeza.

Como la usó el argentino Ariel Ortega en el Mundial de Francia de 1998, cuando heredó la 10 que dejó Maradona.

Argentina venía de eliminar a Inglaterra y en cuartos de final jugó ante Holanda. Con el partido 1-1, el «Burrito» Ortega le pegó un sorpresivo cabezazo al arquero Edwin van der Sar y se fue expulsado.

Tras ese ataque de nulidad cerebral, Holanda metió el segundo y mandó a los argentinos a casa.

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LOS 10 DE LA COPA MUNDIAL DE FUTBOL

Buenos Aires/ Ap

Peregrinos del arte, artesanos del gol, tratan a la pelota con inusual armonía. Y cuando la tienen, desde las tribunas brota esa hermosa sensación de que algo diferente está por ocurrir.

Almas románticas del balompié como Ronaldinho, Zinedine Zidane, Francesco Totti, Juan Román Riquelme y Michael Owen, lucirán el número 10 en la espalda durante el Mundial de Alemania, según la lista oficial anunciada ayer por la FIFA.

Desde que Pelé la consagró con su derecha y Maradona la rubricó con su izquierda, la “10” sólo calza bien a los soberanos de un equipo, a los tejedores de fantasías.

Claro que siempre hubo y habrá excepciones, como cuando se decide por sorteo o cuando algún equipo se ordena por el alfabeto y la “10” va a parar al arquero, o bien a un rústico defensor enemigo de la tibia y el peroné.

Los números en la espalda se empezaron a utilizar en el Mundial de Brasil en 1950, cuando Uruguay armó la fiesta en casa ajena y asestó el Maracanazo.

Por entonces, sólo los titulares llevaban número, del 1 al 11. Al resto, se dice que había que identificarlos mirándoles la cara o preguntando cómo se llamaban.

La numeración fija recién entró en vigencia en el Mundial de Suiza, en 1954.

Para la inminente cita en Alemania, de los 32 jugadores que llevarán el simpático “10”, los más destacados son el brasileño Ronaldino, el francés Zidane, el argentino Riquelme, el italiano Totti y el inglés Owen.

Sin la fama ni la calidad de aquellos, también lo lucirán el costarricense Walter Centeno, el croata Niko Kovac, el checo Tomas Rosicky, el español José Antonio Reyes y el portugués Hugo Viana, todo ellos de buen manejo de la pelota y con ganas de demostrar que son grandes eruditos.

Según la lista difundida por la FIFA, la “10” también la tendrán el ecuatoriano Iván Kaviedes, el mexicano Guillermo Franco y el paraguayo Roberto Acuña.

¿Cuáles son los méritos que hicieron estos buenos jugadores para lucir la “10”?

Kaviedes y Franco llevan el gol en el alma, mientras que Acuña es un obrero del mediocampo, aunque tiene muy buen panorama.

Breve historia del Toro y el Torero

En el ambiente del futbol y en su club La Coruña también, a Acuña le dicen el “Toro”, por el ímpetu que le imprime a sus acciones. Nada que ver con un “10”.

En el Villareal, Riquelme es bastante conocido como el “Torero”, por sus fintas y su habilidad para eludir la marca.

Antes de empezar el Mundial de México en 1970, que ganó Brasil con una generación de talentos, su técnico Mario Zagallo tenía a cinco “10” en su plantel.

El veterano “Lobo” de césped, resolvió el saludable problema y los puso a todos juntos en esa inolvidable delantera con Jairzinho, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelinho.

En otros tiempos, la “10” en los Mundiales la usaron, o merecían haberla usado, el argentino Enrique Omar Sívori (jugando para Italia), el húngaro Ferenc Puskas, el peruano Teófilo Cubillas, los brasileños Zico y Falcao, el italiano Gianni Rivera, el inglés Bobby Charlton, el español Luis Suárez, el colombiano Carlos Valderrama, el holandés Johan Cruyff y el francés Michel Platini, entre otros. Resulta llamativo, pero el argentino Alfredo Di Stéfano y el norirlandés George Best jamás jugaron un Mundial.

Todos ellos futbolistas talentosos y exquisitos, que dentro de la cancha dibujaban fantasías y pintaban ángeles del cielo, y que además tenían apariciones fantasmales cuando la pericia de los artilleros no alcanzaba como para mandarlo adentro.

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