- Barcelona se corona con poco brillo en la Liga de Campeones
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Coloquen a un lado la confusión. Ya terminó todo. Ganó el Barcelona 2-1 al Arsenal por una simple razón matemática: jugar con un hombre menos por casi 70 minutos, es grave entre dos fuerzas equilibradas.
Durante 76 minutos, la garra mantuvo apagada la brillantez. De pronto, el resplandor cegador de Samuel Etoo y la aparición incandescente de Juliano Belletti, cambiaron la historia. El Barcelona, que perdía 1-0 frente a un Arsenal batallando con 10 hombres desde el minuto 17, salió bruscamente del hoyo, y lleno de vitalidad, sin preguntar ¿dónde estás Ronaldinho?, utilizó dos maniobras relampagueantes para voltear espectacularmente la pizarra, y ganar la Liga de Campeones, el más preciado trofeo del futbol europeo.
No fue el partido soñado. Como tantas veces ocurre, la presión alteró la tranquilidad, sacrificó el buen manejo de los espacios, y recortó la intensidad que toda final supone.
No fue tampoco el duelo de celebridades entre Henry y Ronaldiho, anticipado en todas las bolas de vidrio.
Antes de la expulsión temprana del arquero del Arsenal, el alemán Jens Lehmann, el casi siempre iluminado Thierry Henry, envió un par de señales sobre su intención de adueñarse del partido: esa temprana y veloz penetración, enfrentando a Víctor Valdez, quien fue obligado a mostrar la prontitud de sus reflejos para evitar la estocada, y el cañonazo que hizo retorcerse de escalofrío a todo el estadio antes de ser rechazado por el guardapalos en estupenda reacción.
Sin duda, el Arsenal fue más que el Barcelona en esos primeros minutos, cuando el nerviosismo permanece fuera de control y la urgencia por establecerse y manejar los hilos, traiciona a las ideas.
En el minuto 17, “ardió París”. Etoo se proyectaba hacia el área inglesa y Lehmann salió a tomar el riesgo buscando como enfrentarlo fuera. La velocidad del camerunés parecía crecer, por lo que Lehman se vio forzado a derribarlo, posiblemente en la propia línea, no adelante como pretendía.
El árbitro Hauge se vio enredado. La jugada continuó con Giuly empujando el balón a las redes, pero la acción, detenida por un silbato precipitado, hizo regresar a todos a la discusión sobre el punto en que fue cometida la falla de Lehmann. En la línea, era penal, afuera, foul con tiro libre y expulsión del arquero. Hauge decidió esto último.
En desventaja
Pelearle un juego al Barcelona con 10 hombres, era un reto mayúsculo, y el Arsenal necesitaba una inyección estimulante para tal intento.
Lo consiguió en el minuto 36 cuando Henry, con esa maestría que parece cultivada en las aulas de Oxford, cobró una falta desde el sector derecho, colocando la pelota en el punto exacto para la elevación de Sol Campbell por encima de todos, y su cabezazo mortífero hacia la derecha del paralizado Valdez.
Arsenal ganaba 1-0 y ahora apostaba a poder ahogar la brillantez del Barcelona. Necesitaba una cuota extra de garra para multiplicar esfuerzos, ordenarse convenientemente, y buscar como desconectar un poco a Ronaldiho, cubriendo las espaldas de Samuel Etoo.
Difícilmente pudimos percatarnos que el Arsenal tenía un hombre menos. Perdió capacidad de llegada, pero supo cubrir los espacios, anticipar, obstruir y hasta realizar algunos intentos ofensivos.
Arsenal se desgastó
Cuando el partido entró a los últimos 15 minutos, el desgaste físico pasó factura. Incluso al sol, pueden acabársele las baterías y apagarse súbitamente.
La pelota larga y rápida metida por Larsson, que pasó burlesca frente a las narices de agotados defensas del equipo inglés, fue a encontrarse con el sprint espectacular de Etoo por la banda izquierda. Que precisión. Pelota frenada por el botín zurdo y remate inmediato de derecha que se mete entre el palo y el cuerpo del arquero suplente Manuel Almudia para el 1-1.
Cuatro minutos después, Belletti recién ingresado, pasa rápidamente a Larsson y continúa su proyección hacia el portón de Almudia.
La devolución de Larrson fue como trazada por Dalí, y Belletti con dominio, tomó la pelota, haciéndola llegar a las redes entre las piernas del arquero.
Faltando 10 minutos, no le quedaban gotas de sangre al Arsenal. Dobló su rey pese al excedente de garra, mientras Barcelona se coronaba.