Mientras ha existido Internet en Nicaragua y salvo algunas excepciones, el precio a pagarse por el usuario final de la Internet casi nunca dependía de los costos de los proveedores. Lo que sí dependía del costo es la calidad de lo que se recibe por el mismo precio. Por esta razón rebajas en los costos para los proveedores no se van a traducir en reducción de precios, al menos dentro de la capital, puesto que también ellos siguen pagando neto lo mismo a sus proveedores como antes aunque en calidad reciban más.
Puesto aparte los costos directos de operación, es decir personal, energía, amortización de equipos y espacio; hay cuatro elementos básicos de costos: el costo de la conexión entre el usuario final y algún equipo conector del proveedor, el costo de la conexión compartida dentro del territorio nacional, el costo de la conexión compartida al punto internacional de acceso a la Internet global y al fin lo que en este punto se paga por estar conectado.
Se puede pensar en un sistema de tubos de agua, donde un par de tubos va del usuario final a un enganche cercano, de ahí va otro par de tubos al punto central del proveedor, donde sale el par de tubos al punto internacional de acceso, en lo cual —para Internet internacional— entra y sale el agua. En cada etapa se paga por ancho de banda —el diámetro del tubo usado— y en el punto final por tráfico —cantidad de agua— que entra y sale. El tubo con el diámetro más pequeño —la conexión con el ancho de banda más limitada— limita la cantidad de agua, que pueda llegar al usuario final. La cantidad disponible para cada usuario depende de cuánta agua entra y sale en el punto final y cuántos usuarios abren al mismo tiempo el grifo, es decir se conectan a Internet al mismo tiempo.
Cuando hay un nuevo tubo intermedio disponible, de mayor ancho pero al mismo precio o precio similar, no se cambia de prima a primera nada en el cálculo económico para el proveedor, salvo que él puede ofrecer más agua —más ancho de banda— a sus usuarios al mismo precio. Esto no se cambia con más competidores: similar como para otros bienes suntuarios, estos mercados no se amplían por alguna pequeña reducción de precios y dentro de los mismos se compite por calidad de la oferta, no por su precio, de tal forma que al contrario, quien no amplíe el ancho de banda ofrecido al mismo ritmo como la competencia, al final pierde clientes y no gana nada. Este fenómeno se observa actualmente en la competencia entre Enitel y su oferta DSL por un lado y los proveedores vía cable de Estesa por el otro.
No hay incentivo alguno para conectar más usuarios a un precio más bajo y por tanto tampoco para bajar los precios para los usuarios existentes. Sólo cuando un cambio tecnológico drástico podría reducir drásticamente los costos de inversión para todas las etapas de la conexión, pueda darse una ampliación del mercado por reducción drástica de precios. WiFi y WiMax son de este tipo de tecnologías que permiten conectar usuarios finales a costos de inversión sustancialmente más bajos usando la mismas estructuras intermedias. Sin embargo, en Nicaragua la regulación vetusta prohíbe su uso amplio y por tanto impide cualquier reducción real de precios para captar en masa nuevos usuarios finales.