- Gobierno expresa con cautela su “preocupación”, pero otros sectores desaprueban “militarizar” frontera
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La decisión del presidente George W. Bush de enviar la Guardia Nacional a la frontera con México supone un balde de agua fría para el gobierno de Vicente Fox, que ve cómo Estados Unidos vuelve a tomar la delantera para garantizar de forma unilateral su seguridad.
A pesar de que México insiste en que la medida no supone la militarización de la frontera, en la realidad “es una decisión muy grave” que “va a internacionalizar el problema de la migración”, consideró el relator especial de Naciones Unidas para los derechos de los migrantes, el mexicano Jorge Bustamante.
“Armados como van a la guerra en Irak, (la presencia de 6,000 guardias nacionales en la frontera) eso no va a ser una merienda de campo”, añadió Bustamante a la emisora W Radio.
Militarizar la frontera “sería que (el Ejército estadounidense) estuviera verdaderamente en funciones dentro del territorio, haciendo labores de retener a personas, de estar usando realmente la fuerza de esa manera”, declaró este martes el canciller Luis Ernesto Derbez a la emisora Televisa.
México adoptó una actitud mesurada, pero sin esconder sus inquietudes.
“Si bien el Gobierno de México ha recibido seguridades de que las medidas anunciadas no implican la militarización de la frontera, debemos manifestar claramente nuestra preocupación de que estas acciones no estén acompañadas de los avances suficientes en el proceso legislativo en curso”, explicó el secretario de Gobernación, Carlos Abascal.
El lunes, el portavoz presidencial de México, Rubén Aguilar, había declarado en rueda de prensa que los consulados de México en Estados Unidos no tomarían medidas extraordinarias en respuesta a esa decisión “porque nuestras embajadas y consulados en todo momento trabajan para salvaguardar los derechos de los migrantes”.
El Presidente de México, Vicente Fox, habló con Bush el domingo pasado para pedirle explicaciones sobre la medida, según un comunicado de la Presidencia.
Sin embargo, la forma en cómo se describió la situación da una idea de hasta qué punto México está fuera del debate sobre la seguridad a lo largo de los más de 3,000 kilómetros de frontera común.
Fox llamó a Bush después de ser informado “sobre lo publicado por agencias de prensa internacionales en relación a una posible militarización de la frontera”, reconoció un comunicado oficial.
Tanto los candidatos presidenciales en liza en México, como los partidos políticos y asociaciones civiles criticaron al unísono el anuncio en Washington, pero la medida supone, en términos prácticos, una presión renovada para que el gobierno de Fox haga su tarea en la parte que le corresponde.
En el tema de la violencia, por ejemplo, México afronta ya centenares de ejecuciones en lo que va de año en sus principales ciudades fronterizas, en especial en Nuevo Laredo (noreste), donde las peleas entre cárteles de la droga han llevado al despliegue, sin mucho resultado, de la Policía federal y hasta del Ejército.
En cuanto al paso ilegal de migrantes, entre octubre del 2005 y mayo del 2006 la policía fronteriza estadounidense detuvo a 766,617 personas, según las últimas cifras disponibles.
El tráfico de ilegales ha aumentado en la última década, según los expertos, que sin embargo, resaltan que su nueva forma de paso, a través de las zonas desérticas, implica riesgos más bien humanitarios.
Son los denominados narcotúneles, utilizados por los traficantes, los que despiertan preocupación al otro lado de la frontera por los riesgos que implica en materia de terrorismo.
En lo que va de año se han descubierto cerca de una decena, principalmente en Tijuana (noroeste), según estimaciones no oficiales.