RENÉ Y ALICIA ESPINOSA, dueñas de la Cocina de Doña Haydée. (LA PRENSA/CORTESÍA)

Una empresa decana con sazón nica

Cocina de Doña Haydée cumple 10 años [doap_box title=»Ampliará oferta» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Las propietarias de la Cocina de Doña Haydée, las hermanas Irene y Alicia Espinosa, adelantaron que en uno o año y medio aspiran a extender el negocio en Granada. “Nos gustaría estar en esa ciudad porque es cercana y es una de las […]

  • Cocina de Doña Haydée cumple 10 años
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Las propietarias de la Cocina de Doña Haydée, las hermanas Irene y Alicia Espinosa, adelantaron que en uno o año y medio aspiran a extender el negocio en Granada.

“Nos gustaría estar en esa ciudad porque es cercana y es una de las zonas más visitadas por los turistas”, argumenta Alicia Espinosa.

Además, según Irene, pretenden a ampliar la oferta culinaria sin dejar de enfocarse en la comida criolla.

“Por ejemplo pensamos incluir el lomo de costilla y un surtido especial, que de momento estamos trabajando, es decir viendo lo que va a concentrar”, explicó.

Pero mientras eso ocurre continuarán atendiendo en sus tres locales, ubicados todos en Managua, con platillos típicos algunos de los cuales son aptos para vegetarianos.

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El jueves pasado la Cocina de Doña Haydée tuvo más de una razón para celebrar: el negocio arribó a los 10 años con 15 mil personas que al mes siguen demandando los platillos criollos del local.

“En realidad nunca imaginamos que un negocio ideado para ser prácticamente pequeño creciera tanto, porque eso cuesta”, dice Irene Espinosa quien junto a Alicia, su hermana, son las propietarias de la empresa.

En 1996 las hermanas Espinosa , tras participar con buen suceso en concursos culinarios organizados por el Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), instalaron el negocio con un techo de tejas, nueve mesas y cuatro empleados.

La inversión inicial implicó 30 mil dólares. De éstos 20 mil dólares fueron prestados por el extinto Banco Mercantil. El resto, en tanto, fue otorgado por los esposos de las propietarias.

“Y así comenzamos: invirtiendo con un monto pequeño que aproximadamente en dos años recuperamos”, explica Alicia, recordando el primer local en las inmediaciones del laboratorio Bioanálisis en Carretera a Masaya.

¿Cómo lo lograron? “Bueno influyeron varias razones: el buen sazón, la pasión por la comida, la calidad de la atención, y el mantenimiento del local”, expone Irene.

“Además de la disciplina porque nosotras éramos de las que nos levantábamos a las cinco de la mañana a diario”, agrega Alicia.

Mientras una iba a hacer las compras, la otra se iba al local… es decir las dos siempre permanecían en el negocio, rememoran.

“Incluso nos turnábamos porque si una estaba pendiente de la cocina, la otra lo estaba de la caja y del personal, hasta la familia (hijos y esposos) se nos unían para atender a los clientes, era un esfuerzo de todos a como sigue ocurriendo en la actualidad”, añade Alicia.

los ingresos

La clientela en un inicio estuvo conformada por oficinistas y ejecutivos primordialmente. Y eso se tradujo en buenos ingresos.

“Nos fue tan bien que paralelamente al salir del préstamo nos trasladamos para Planes de Altamira, año y medio después establecimos los otros dos locales: el ubicado en Bello Horizonte y el que está en el Food Court de Metrocentro”, indica Irene.

El primero generó un gasto que superó los 200 mil dólares, incluyendo las remodelaciones. Los otros dos, sin embargo, demandaron una inversión de 90 mil dólares.

Los tres sitios generan a la fecha 90 empleos directos, con sueldos que en promedio son de 3 mil córdobas mensuales, incluyendo propinas.

Aunque la clientela, que hoy día predomina, es clase media y alta. “Aquí vienen desde funcionarios de bancos, y del Gobierno, hasta turistas y artistas ya que el lugar es para disfrutar la comida nica”, justifica Alicia.

“Pero eso no quiere decir que no nos visite otro tipo de gente, en nuestra cocina también vienen amas de casa que no tienen tiempo para cocinar y gustan de un platillo que implica más preparación como es el mondongo; o bien nicas que quieren darse un antojo”, reitera Irene.

En total el flujo de visitas, en los tres establecimientos, es de 500 personas a diario, de todas las edades y de distintas partes del país y del mundo.

Las utilidades, según las hermanas, suelen destinarlas a la calidad culinaria, infraestructura, y a apoyo de los empleados.

“Nos gusta mantener bonitos los establecimientos, generalmente los pintamos, y también nos gusta tener contento a nuestro personal, que tratamos de apoyar con capacitaciones o con la ayuda financiera que requieran”, detalla Alicia.

HIJOS EN LA JUGADA

En el quehacer están involucrándose los hijos. “Una de mis hijas lleva la mercadotecnia del negocio, y otra hija junto al hijo de Alicia ya fueron a capacitarse a Suiza, son chef”, anota Irene.

Hecho que les está permitiendo aprovechar al máximo la materia prima. “De modo que ya tenemos quien nos reponga, aunque nunca dejaremos de estar pendiente de la cocina”, aclara .

A estas alturas las hermanas siguen diversificando la inspección de la cocina. Cada seis meses una ve la de Planes de Altamira, y la otra la de Bello Horizonte y la de Metrocentro.

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