- Perecieron 35 agentes del orden
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Al menos 52 muertos, 50 heridos y 59 motines en cárceles ha provocado el fin de semana la más cruenta ofensiva criminal en el Estado de Sao Paulo, informaron las autoridades, que también ayer fueron blanco de las críticas de expertos en seguridad y entidades sociales.
Más de un centenar de ataques a puestos, agentes y patrullas de la Policía en diferentes partes de la urbe y rebeliones de presos con centenares de rehenes en diversos municipios del Estado más rico y poblado de Brasil arroja la ola de violencia, que estalló la noche del viernes y continuó el domingo.
La Secretaría de Seguridad Pública de Sao Paulo informó de que en entre los 52 muertos hay 35 agentes del orden, entre policías militares, civiles, agentes de la Guardia Civil Metropolitana y carcelarios, así como tres civiles y catorce presuntos pistoleros.
Entre los heridos hay 24 miembros de la Policía Militar, cinco de la Policía Civil, cinco de la Guardia Metropolitana, dos carceleros, ocho civiles y seis sospechosos de participar en los atentados.
De forma simultánea estallaron 59 rebeliones en cárceles de Sao Paulo, que acoge al 40 por ciento de los 140,000 presos brasileños.
Varios motines fueron sofocados en las últimas horas, pero se teme que al menos 273 personas permanezcan aún en poder de quienes mantienen la insubordinación.
En la cárcel de Ribeirao Preto, a 310 kilómetros de la capital, el levantamiento terminó con tres reclusos muertos. Ocho más perecieron y quince resultaron heridos en la de Sao Sebastián, en el litoral norte.
En la noche de ayer al menos tres autobuses fueron incendiados por desconocidos en diversos puntos de la ciudad.
La Secretaría de Seguridad Pública aseguró que los ataques de la mafia constituyen una represalia contra las autoridades por cambiar de prisiones a capos del “Primeiro Comando da Capital” (PCC).
El PCC, promotor de las principales insurrecciones en cárceles paulistas, coordinó 29 simultáneas el 18 de febrero de 2001, que dejaron treinta muertos, la mayoría miembros de bandas rivales.
El jueves fueron transferidos 765 reclusos de presidios del interior del Estado a dos cárceles de máxima seguridad, una en Presidente Venceslau, a 620 kilómetros al oeste de Sao Paulo, y la otra en la zona norte de la capital.
La ola de violencia, que no cesa, y las confusas explicaciones oficiales provocaron la indignación entre expertos y líderes de entidades sociales y eclesiásticas, partidarios de penas más duras e instrumentos para entrenar y reforzar las fuerzas de seguridad.