Ángeles y Demonios, pero no de la obra del polémico Dan Brown, se sumaron al Torovenado de Diriá. ((LA PRENSA / A. CERDA))

Desfile de máscaras y color en Diriá

Cientos de disfrazados bailan el tradicional Torovenado en honor a la Virgen de los Desamparados CORRESPONSAL/ GRANADA Un río de burlas y risas inundó ayer a Diriá, cuando cientos de enmascarados luciendo sus coloridos atuendos recorrieron la calle central, para encabezar la procesión de la Virgen de los Desamparados, desde la entrada principal del pueblo […]

  • Cientos de disfrazados bailan el tradicional Torovenado en honor a la Virgen de los Desamparados

CORRESPONSAL/ GRANADA

Un río de burlas y risas inundó ayer a Diriá, cuando cientos de enmascarados luciendo sus coloridos atuendos recorrieron la calle central, para encabezar la procesión de la Virgen de los Desamparados, desde la entrada principal del pueblo hasta la parroquia San Pedro Apóstol.

Bajo un pesado traje de gorila, con largos cuernos y filudos trinchetes y hasta de minifaldas y escotes, los dirialeños le rindieron homenaje a la imagen que rescata su fervor mariano y calentaron motores para el próximo junio, cuando arrancarán sus fiestas patronales para el santo pescador.

En la amplia avenida del pueblo, más de trescientos disfrazados bailaron al ritmo de chicheros, y grupos folclóricos de todas las edades también celebraron la fiesta.

Por eso, en la algarabía de la celebración de vez en cuando las parejas se confundieron para ganarse las carcajadas y aplausos de los miles de espectadores aglomerados en las aceras.

HISTORIA

El Torovenado, como se conoce a este colorido desfile enmascarado, fue bailado por primera vez en Diriá, en mayo de 1957, cuando el devoto mariano Félix Pedro Miranda se lastimó un pie con una pipa para almacenar agua, y prometió a la Virgen de los Desamparados que, si sanaba, le dedicaría “una sorpresa”.

Así, hace casi 50 años don Félix Pedro se vistió de mujer y bailó al frente de la procesión, entre la curiosidad y sorpresa del resto de fieles.

Don Félix Pedro Miranda ya está muerto, pero su promesa se extendió al resto de devotos y se convirtió en una tradición que mantiene su hijo Juan Carlos Miranda.

Además, cada año el baile de enmascarados es dedicado a un enfermo. En esta oportunidad fue ofrecido por la salud de Manuel Zúñiga Peralta, un enfermo de cáncer.

Por él, varios “caballeros” confesaron bailar disfrazados de sensuales damas, otros desempolvaron sus trajes de diablos, quirinas y fantasmas, y hasta los periodistas alcanzaron entre las ocurrencias.

Parte del desfile también fueron algunos payasos que a pesar de sus sacos repletos de dulces no acabaron con los llantos de los más pequeños que no pierden el temor, aunque la tradición ronde el medio siglo.

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