Según el Diccionario de Uso del Español Nicaragüense, cuechero significa cuentista y chismoso, derivado a su vez de cuecho, que quiere decir cuento y chisme. Y precisamente eso, cuechera, ha sido hasta ahora la política nicaragüense en lo que va de la precampaña para las elecciones nacionales del próximo 5 de noviembre.
En realidad, prácticamente todos los candidatos y líderes de los partidos políticos se han enfrascado en una batalla de chismes y rumores, de acusaciones y descalificaciones, a la par de una febril repartición previa de cuotas en el Poder Ejecutivo, en la Asamblea Nacional y en el Parlamento Centroamericano. Pero los temas de legítimo interés popular y nacional brillan por su ausencia en la agenda de los partidos y las alianzas electorales.
Es cierto que mientras no se terminen de definir e inscribir las alianzas que promueven los partidos políticos para presentarse en mejores condiciones al reto electoral de noviembre —mañana termina el período de inscripción de alianzas, según el calendario electoral oficial—, una parte importante de las discusiones políticas públicas ha debido girar alrededor de esas expectativas. Y sin duda que es muy importante para los políticos, dilucidar con quién se aliará fulano, cuál es la cuota de poder que tendrá zutano y qué representación le corresponderá a los pequeños partidos de zutano y perencejo, inclusive a tal o cual “personalidad convergente”.
Pero eso no justifica eludir la discusión sobre los problemas grandes y pequeños que en realidad le preocupan a la gente. En una sociedad democrática la política se discute o debe discutirse por medio de las propuestas programáticas y debates públicos acerca de los problemas nacionales, abiertamente, de frente a los ciudadanos. Los partidos y los candidatos deben contraer públicamente sus compromisos de gobierno y los ciudadanos deben estar suficientemente informados de lo que aquellos proponen. Eso es mucho más importante que los cuechos sobre las negociaciones de cuotas y las declaraciones diversionistas de los políticos.
La política se expresa y se practica fundamentalmente por medio de la comunicación. Los políticos —partidos y personas— establecen y mantienen los vínculos informativos con sus partidarios y con la sociedad en general, mediante los discursos, las declaraciones de prensa o las entrevistas ocasionales y regulares con los periodistas. La comunicación es como una plataforma de lanzamiento y punto de partida para la realización de los propósitos y fines de los partidos, así como de los políticos a título personal.
Un buen político tiene necesariamente que ser un excelente comunicador, alguien capaz de establecer una relación clara con la gente, ya sea en forma directa y personal o a través de los medios de comunicación. Quien no tiene capacidad de mantener una buena comunicación con sus partidarios y con la gente en general, jamás podrá ser un buen político.
La gente necesita saber, por ejemplo, qué es lo que piensa hacer cada partido y candidato para generar empleos y reducir la alta tasa de desocupación, cual es uno de los problemas que más le preocupan a los ciudadanos; los votantes deben saber cómo es que los políticos piensan encarar la crisis energética; qué van a hacer para poner fin a la politización y la corrupción en la administración de justicia; qué proponen para mejorar la seguridad pública y reducir la inseguridad ciudadana; qué harán para proteger y usar racionalmente los recursos naturales del país, como por ejemplo los bosques y el agua; qué pasará con los anunciados mega proyectos canaleros y de la generación hidro y geo térmica para reducir la dependencia petrolera; cómo van a resolver el enorme problema de la deuda interna, etc.
Es aflictiva la pobreza del debate político en Nicaragua. Todos los políticos, tanto de la derecha como de la izquierda y del centro, hablan tonterías, se dedican a comentar cuechos sobre sus adversarios, se insultan y descalifican unos a otros. Y prácticamente nadie habla con seriedad de lo que se necesita hacer para resolver los grandes y pequeños problemas nacionales, para reconstruir la institucionalidad democrática, para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social en condiciones de libertad.
Al concluir mañana la etapa de inscripción de alianzas, y a fines de mayo la de candidatos, los políticos deben empezar a hablar de asuntos serios y de los problemas y propuestas de soluciones que le interesan realmente a los ciudadanos nicaragüenses.