La venta de bonos de carbono es una actividad financiera que Nicaragua tiene enorme potencial debido a sus bosques. (LA PRENSA/ARCHIVO)

Un negocio en riesgo

Nicaragua tiene gran capacidad de negociar bonos de carbono, pero su futuro depende de que se termine la amenaza a los bosques [doap_box title=»Un vistazo» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Especialistas esperan que el mercado de emisiones de gases alcance un tamaño de entre 4,200 y 7,400 millones de euros (entre 5,200 y 9,100 millones de dólares) para […]

  • Nicaragua tiene gran capacidad de negociar bonos de carbono, pero su futuro depende de que se termine la amenaza a los bosques
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Especialistas esperan que el mercado de emisiones de gases alcance un tamaño de entre 4,200 y 7,400 millones de euros (entre 5,200 y 9,100 millones de dólares) para el 2007.

El gobierno de los Países Bajos (Holanda) ha sido el líder en el mercado usando los mecanismos del protocolo de Kyoto.

Japón ha constituido el Japan Carbon Finance (JCF), con 140 millones de dólares, administrados por el banco japonés para la Cooperación Internacional y financiado por corporaciones japonesas. Alemania ha constituido, a través de la Kreditanstalt für Wiederaufbau (KFW), un fondo de 50 millones de euros.

Australia y Canadá están pensando también en desarrollar esquemas nacionales de comercio que permitan ofrecer incentivos a las compañías para que reduzcan emisiones, con el fin de cumplir con los compromisos de Kyoto.

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Nicaragua tiene en sus manos la posibilidad de lograr ingresos mediante la venta de bonos de carbono, una especie de pago por parte de los países industrializados que contaminan el medio ambiente. La oferta sale del oxígeno limpio que países como el nuestro producen en sus bosques.

Este negocio es incipiente en Nicaragua, pues apenas una empresa ligada a la geotermia, Polaris Energy Nicaragua (Pensa), está a punto de empezar en estos menesteres.

Sin embargo, la comercialización de estos bonos está amenazada por la tala indiscriminada y contrabando de madera en todo el territorio nacional, situación que pretende ser revertida mediante el Estado de Emergencia Económica que promulgó la semana pasada el presidente Enrique Bolaños, pero que aún debe ser ratificado por la Asamblea Nacional.

Junto a la deforestación, el aumento de la frontera agrícola y la emisión de gases con efecto invernadero han hecho que la temperatura media de la tierra esté subiendo, por lo que algunos países se están dedicando a producir y vender bonos de carbono con el objetivo de disminuir la contaminación del ambiente.

Actualmente la información sobre el mercado de bonos de carbono es limitada, especialmente aquella relativa a los precios, ya que no hay una cámara central de compensación para estas transacciones.

En este negocio Nicaragua no se queda atrás, “tenemos un gran potencial para producir y vender bonos de carbono”, explicó Freddy Picado, especialista en cambio climático de la Oficina de Desarrollo Limpio del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena).

En diciembre de 1997 durante la tercera reunión de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), realizada en Kyoto, Japón, se acordó de forma vinculante a los países desarrollados y a los países en transición a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Los países desarrollados se comprometieron a una reducción promedio de gases de efecto invernadero del 5.2 por ciento respecto a los niveles de 1990 y que esa reducción de emisiones fuera lograda en el período 2008-2012, al finalizar el llamado primer período de compromisos.

El especialista del Marena indicó que antes del 2004 la tonelada de carbono costaba tres dólares, pero “con la ratificación del protocolo de Kyoto, el mercado se ha disparado, ya que se acerca el primer período de compromiso (2008 y 2012), cuando los países desarrollados tienen que presentar al mundo que ya redujeron el cinco por ciento que se comprometieron, eso ha acelerado sus procesos de compras y existen países como Japón que pagan hasta 500 dólares por tonelada”, indicó.

Cristóbal Medina, jefe del departamento de Gestión Ambiental de la Universidad Nacional Agraria (UNA), coincidió que el país tiene un gran potencial para generar y vender bonos de carbono, sin embargo, han sido desaprovechados. “Tenemos una gran capacidad para producir carbono”.

Otra reglamentación

El especialista de cambio climático del Marena manifestó que las reglas del juego en la venta y compra de carbono han cambiado.

“Ahora ya no podemos decir que contamos con una reserva como Bosawas e Indio Maíz para vender carbono, esos son bosques maduros, ahora para poder recibir beneficios de la venta de carbono tenemos que cambiar la matriz de generación de energía eléctrica”, indicó.

Bajo el mecanismo de desarrollo limpio, según Picado, todos los países miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas, acordaron que la conservación es una actividad que no entra para el pago de certificados de carbono, sin embargo, algunas empresas están comprando certificados de carbono en proyectos de preservación, como el generar energía limpia.

“Muchos hablan que Costa Rica está haciendo un gran negocio con el carbono, sin embargo, eso fue en los años noventa, una fase que se conoció como proyectos de implementación conjunta, para ese tiempo no existía una reglamentación estricta en la venta de carbono, y ellos (ticos) tuvieron la oportunidad de vender su bosque maduro como certificado de carbono, por lo que obtuvieron unos 20 millones de dólares, ahora ya no pueden hacer eso”, señala el especialista.

En la actualidad un 80 por ciento de la matriz energética de Nicaragua depende de la quema de combustibles fósiles, “ese hecho le ofrece la oportunidad al país de que pueda diversificar su matriz por energía renovable. Así estaríamos haciendo negocio de venta de carbono”, indicó Picado.

Señaló que existe el proyecto Copalar, con capacidad de generar 300 megavatios, este proyecto además de producir y vender energía puede recibir anualmente una cantidad extra de dinero, por la cantidad de gases efecto invernadero que está dejando de emitir a la atmósfera, aunque no especificó cuánto podría generar. “Es decir que para que el país pueda empezar a recibir beneficios económicos por la venta de bonos de carbono, tiene que cambiar su matriz de generación de energía eléctrica, por energía renovable”, explicó el especialista.

Economía

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