Ricardo Mayorga llegó a Las vegas a pelear con Oscar De la Hoya y también con cualquiera que se le cruce en el camino, como Shane Mosley. (LA PRENSA/ENVIADO ESPECIAL/T. STARGADTER)

Más feroz que nunca

[doap_box title=»Abierta a especulaciones» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Más allá de su largo y exigente entrenamiento, no hemos visto a Oscar De la Hoya en serio desde hace casi dos años. No podemos suponer que sus síntomas de declive fueron más aparentes que reales. Lamentablemente, por el boxeo tan confuso y huracanado de Ricardo Mayorga, como por […]

[doap_box title=»Abierta a especulaciones» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Más allá de su largo y exigente entrenamiento, no hemos visto a Oscar De la Hoya en serio desde hace casi dos años. No podemos suponer que sus síntomas de declive fueron más aparentes que reales.

Lamentablemente, por el boxeo tan confuso y huracanado de Ricardo Mayorga, como por las terribles dudas que cobijan a De la Hoya, se trata de una pelea muy abierta a las especulaciones.

Si el De la Hoya de Quartey, de Oba Carr, de Whitaker, de Chávez, de Trinidad o de Vargas, estaría bajo la lupa, no vacilaría en fijarlo como claro favorito.

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El Ricardo Mayorga que necesitamos ver hoy

Desde Las Vegas

Una impresionante demostración de salvajismo puro, puede empujar esta noche a Ricardo Mayorga, hacia la grandiosidad.

Consciente que la presión agobia, desarma al enemigo y termina estrangulándolo, Mayorga está obligado a ser más fiero que nunca, a realizar la pelea de su vida.

Su exuberante fortaleza para pegar y recibir, esas ofensivas atropelladoras e incansables que parecen desplegarse con el soporte de tres pulmones, su falta de preocupación por tomar todo tipo de riesgos, y su boxeo imprevisible, son los factores claves del violento púgil pinolero, ansioso por provocar un impacto, tan estremecedor como el estallido de Vesubio.

No puede Mayorga permitir que un peleador como Oscar De la Hoya, de talento muy bien cultivado, quien llegó a tener un excelente manejo de la flexibilidad, y que sabía combinar convenientemente su agilidad de piernas con la velocidad de puños, se establezca en la distancia y controle la iniciativa, aunque no sea el mismo.

Hay un gran misterio antes de escuchar el sonido de la campana: ¿Cuál es el De la Hoya que veremos, el que tanto necesita el boxeo, o el borroso que se vio protegido por una discutible decisión con Félix Sturm, y más adelante, inutilizado y humillado por Bernard Hopkins?

Es la misma intriga previa al desafortunado combate con Trinidad que dejó una falsa impresión sobre el resurgimiento del boricua, consecuencia del boxeo muy abierto, próximo a lo suicida, de un Mayorga severamente golpeado.

La experiencia acumulada esa noche en el Garden, debe ser utilizada por Mayorga para un accionar un poco más astuto y lo necesariamente intenso, fabricando el desgaste físico del adversario, golpeando al cuerpo, forzando amarres vigorosos, y esforzándose por taparle las vías de escape.

Aunque De la Hoya haya advertido sonando trompetas que no hará un boxeo elusivo y se plantará a cambiar metralla, no hay que creerle. Eso sería sorprendente y estaría subestimando la capacidad de agresión, resistencia e insistencia de Mayorga.

Imagino a De la Hoya, peleando como lo hizo con Trinidad en los primeros ocho asaltos, sacando el máximo provecho de su habilidad para moverse en reversa cambiando ángulos y distancia, frenando repentinamente para ensayar descargas y buscar como salir a tiempo de la línea de fuego.

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