Bolivia, el antiguo discípulo modelo de las recetas neoliberales, acaba de sorprender con la polémica nacionalización de los hidrocarburos, una medida que el diario Folha do Sao Paulo calificó como “la primera medida de izquierda desde la caída del Muro de Berlín”.
“Al nacionalizar los hidrocarburos, el presidente Evo Morales tomó la primera iniciativa genuinamente de izquierda en Latinoamérica (y tal vez en el mundo) desde la caída del Muro de Berlín en 1989”, escribió el diario del mundo financiero brasileño.
La decisión se hace aún más impactante, porque no fue comunicada antes a Brasil, España y Argentina, los países más afectados.
La jugada de Morales tiene un importante trasfondo y significado político. Transmite mensajes a lo interno y a lo externo.
El 2 de julio, los bolivianos celebrarán una elección para elegir a la Asamblea Constituyente. Morales pretende posicionar favorablemente a su partido, el indigenista e izquierdista Movimiento Al Socialismo (MAS).
El gobierno del líder cocalero cuenta con una cómoda mayoría parlamentaria y su mandato fue categórico, habiendo alcanzado el 54 por ciento de los votos, un resultado que no ha tenido ningún otro candidato en décadas. Ahora, Morales busca fortalecerse aún más. La Constituyente definirá el futuro régimen político, social y económico.
La nacionalización de los hidrocarburos no era inesperada completamente. La medida estaba en la plataforma de gobierno del MAS y en julio pasado, en un referendo, la mayoría de ciudadanos decidió que los recursos naturales deben estar bajo control nacional. Si no se aplicó, fue por la voluntad política del ex presidente Carlos Mesa, quien tuvo que dimitir bajo la presión de poderosas movilizaciones populares igual que su antecesor Gonzalo Sánchez de Lozada.
El mes precedente al decreto vio el incremento de protestas contra el nuevo gobierno y hasta se produjo el secuestro por unas horas de varios ministros.
Con la nacionalización, Morales espera ganar una dosis importante de apoyo popular. Muestra que cumple sus promesas. Huele esto a populismo y oportunismo, aunque no se le puede negar astucia.
El anuncio es inmediato a la firma de la adhesión de Bolivia a la Alternativa Bolivariana para la América, o ALBA, el engendro amorfo de Hugo Chávez y Fidel Castro que supuestamente deber ser una alternativa al ALCA “imperialista”. Chávez ya cambió las reglas del juego en Venezuela y está obligando a las transnacionales a renegociar contratos que serán más beneficiosos para el Estado. Quiere más ingresos para financiar su proyecto de hegemonía política continental.
Morales demuestra ahora que es serio en su alineación con Chávez y Castro. Y creo que nos da una idea de lo que hará Daniel Ortega si gana las elecciones. El ex presidente sandinista ya dijo que se unirá a esa asociación.
¿Qué hará Daniel? ¿Renacionalizar Enitel? Porque aquí no hay ni petróleo ni gas. Y si entra a la ALBA, pues tendrá que hacerlo ruidosamente. La irresponsabilidad populista la ha demostrado una vez más con la supuesta importación de petróleo barato. ¡Ni siquiera ha ganado y ya nos comienza a endeudar de nuevo!
Innegablemente, la medida afecta la imagen de Bolivia ante los inversionistas extranjeros. No hay seguridad jurídica, las reglas del juego cambian de un día para otro. Ayer, la estatal brasileña Petrobras, el principal inversionista extranjero, anunció que detendrá nuevas inversiones.
Sin embargo, el impacto en los mercados no ha sido significativo. Pese a una caída inicial, las acciones bursátiles de la española-argentina Repsol YPF y Petrobras se han recuperado.
Bolivia tiene unas reservas de 1.55 billones de metros cúbicos de gas, las segundas después de Venezuela en el continente. Los analistas de Wall Street indican que la crisis por el programa nuclear iraní y los problemas en Nigeria han tenido mayor incidencia en el alto precio del petróleo.
A nivel regional sudamericano, el asunto sí tiene consecuencias serias. Petrobras tiene invertido unos 1,500 millones de dólares en Bolivia. Bolivia abastece a Brasil de 26 millones de metros cúbicos diarios de gas natural, el 51 por ciento del consumo total del gigante sudamericano. En los estados del sur la dependencia es del ciento por ciento y en el industrial Sao Paulo de más del 70. Argentina es otro importante cliente boliviano. La española-argentina Repsol YPF también ha invertido más de mil millones de dólares.
El decreto concede al Estado el 51 por ciento de toda sociedad que extraiga y venda el gas, el 82 por ciento del valor de la producción (18% será para las transnacionales) y da un plazo de 6 meses para renegociar contratos.
El camino de la nacionalización es uno que América Latina ya recorrió. Tradicionalmente, los servicios estatales han sido bastiones de ineficiencia, corrupción y clientelismo político. Pero después más de dos décadas de neoliberalismo, Bolivia sigue siendo el país más pobre de Suramérica, atrasado y con grandes injusticias sociales. Que Morales esté en el poder es precisamente un producto del fracaso de esas políticas duras que olvidaron lo social. En toda Latinoamérica, se hicieron malas privatizaciones y muchas veces se sustituyó monopolios estatales por privados que encarecieron los servicios y son ineficientes. Como Unión Fenosa, por ejemplo.
El líder boliviano emprendió un camino de desafíos peligrosos e insospechados. Y si hay luz al final del túnel, pues estamos muy lejos de saberlo.