Néstor Jesús Chavarría, el “bacherito solitario”, rellena de tierra uno de los baches de la carretera Sébaco-Matagalpa, actividad por la cual los conductores le “reconocen algo”. (La Prensa/L. E. Martínez)

El “bacherito solitario” de la vía Sébaco-Matagalpa

Néstor Jesús Chavarría se gana la vida aterrando los baches de la carretera CORRESPONSAL / MATAGALPA Con el infantil rostro maltratado por los rayos solares, a las dos de la tarde, sin probar más alimento que una pieza de pan con café consumidos siete horas antes, el delgado adolescente Néstor Jesús Chavarría, de 14 años, […]

  • Néstor Jesús Chavarría se gana la vida aterrando los baches de la carretera

CORRESPONSAL / MATAGALPA

Con el infantil rostro maltratado por los rayos solares, a las dos de la tarde, sin probar más alimento que una pieza de pan con café consumidos siete horas antes, el delgado adolescente Néstor Jesús Chavarría, de 14 años, sigue rellenando con tierra los enormes baches en la maltrecha carretera que une a las ciudades de Sébaco y Matagalpa.

El Gobierno ha prometido que este año reconstruirá la carretera, pero, mientras eso ocurre, el adolescente que trabaja solitario es uno de los más de 30 niños y adolescentes que colaboran con la economía de sus familias rellenando los huecos sobre esa ruta que fue construida hace más de 60 años y cuya reconstrucción es una de las principales demandas de los matagalpinos.

El sombrero blanco con las alas recogidas apenas protege los ojos achinados de Chavarría, quien cada día, a las siete de la mañana, va con una pala y una maltratada carreta a rellenar los baches de la carretera por donde cientos de vehículos circulan a diario.

Dejó de estudiar

Según cuenta el “bacherito solitario”, su esperanza es conseguir unas cuantas monedas que desde los vehículos en marcha a veces lanzan los conductores y pasajeros. Cuando tiene suerte, “alguien que pasa” le obsequia golosinas o un poco de pan.

“Estaba estudiando, pero me salí para venir a trabajar aquí en la carretera”, dice Chavarría, quien, sin ser fanático de los llamados “Mulos de Manhattan”, viste una desteñida camiseta de los Yankees, un pantalón que de antaño era verde y calza un par de chinelas de hule.

“Quisiera recoger (ahorrar dinero) para comprar ropa”, dice el “bacherito solitario” mientras descarga una carretada de tierra en uno de los hoyos más grandes de la carretera, en el sector conocido como Cerro Largo, precisamente el kilómetro 114 de la ruta Sébaco-Matagalpa.

Diez horas de labor

Tras laborar diez horas seguidas, cada día, el “bacherito” regresa a su casa situada en la Villa Kokomo, a pocos kilómetros del lugar donde rellena los huecos del viejo pavimento.

“Cuando está bueno hay veces que me gano 50 pesos (córdobas), pero hay veces que sólo 40. Y cuando está malo, tal vez sólo 25 o 30 pesos”, expresa el “bacherito solitario” mientras seca el sudor de su rostro.

Según el adolescente, el dinero que gana lo entrega a su mamá “para el gasto de la casa: comprar comida, jabón pa’ (para) lavar, pero más para la comida, porque tengo tres hermanos, una de 8 años, una de 7 y uno de 10”.

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