Medellín.— Podría decirse , cuando uno lo ve de cerca, que Álvaro Uribe Vélez no tiene el físico para el rol. Sin embargo ha sido el Presidente que ha puesto freno a las guerrillas y en especial a la inseguridad que apresa a Colombia desde hace por lo menos 30 años. En el trato personal es cordial y tiene gestos que denotan timidez. Puesto en una tribuna o ante periodistas, se muestra seguro, hasta arrogante, y puede ser muy filoso en sus respuesta. Impresiona bien y genera respeto.
También, en casos, se sale de las casillas y ataca a periodistas y medios. Le ocurrió hace unos días con una noticia que no le gustó, y actuó, al decir de un columnista colombiano al estilo de Néstor Kirchner.
El pasado lunes 24, durante dos horas, sin pausas, se sometió al interrogatorio de una treintena de periodistas que estábamos reunidos en Medellín. Nada que ver con lo del presidente argentino, que sí habla mucho, pero únicamente lo hace con el blindaje del Salón Blanco de la Casa Rosada o en actos partidarios protegido por círculos concéntricos de colaboradores-empleados, custodios y piqueteros. Jamás se expone a las preguntas de los periodistas.
Uribe se refirió en extenso a la renuncia de Hugo Chávez a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y al acompañamiento conciliatorio de Evo Morales concretado en una ridícula propuesta de que Colombia y Perú no firmarán el TLC con los EE.UU.
Expuso con elegancia, respeto y firmeza la posición colombiana y puso de manifiesto la falta de fundamentos de lo sostenido por la dupla Chávez-Morales. Su estatura creció; en términos absolutos y más aún en relación a las de los otros. “¿Es el candidato adecuado, en un continente inadecuado?”, me comentó entusiasmado un colega peruano.
Uribe, quien se presenta a la reelección el próximo 28 de noviembre, es el seguro ganador. Los colombianos lo elegirán para que los presida hasta el 2010.
Pero Uribe será efectivamente el triunfador si gana en la primera vuelta. Si no logra el apoyo de más de la mitad, aunque en el “balotage” arrase, no será lo mismo.
Ese respaldo mayoritario es fundamental para proseguir con sus políticas, particularmente en lo que hace a la seguridad y para alcanzar la paz.
La encuestas aún lo muestran como victorioso en esa primera vuelta ( 55.7 por ciento), pero cayendo. Hace un mes tenía el 64.1 por ciento y ocho meses atrás el 70.2.
La crisis del CAN provocada por Chávez le sumará algunos puntos. Los colombianos en eso están con su Presidente. Los caprichos de Chávez le favorecieron internamente, así como, por el contrario, tuvieron efectos negativos para Ollanta Humala en su lucha por la Presidencia del Perú. A los peruanos no les gusta que alguien venga de afuera a mandarlos y que su próximo Presidente pase a disputarle el rol de escudero que cumple Evo Morales.
La pérdida de apoyo a Uribe también tiene su explicación. Han habido alarmantes denuncias de que el principal organismo de inteligencia (Departamento Administrativo de Seguridad-DAS), ha sido infiltrado por paramilitares y narcotraficantes. Es una fea noticia, que la afeó aún más la reacción del presidente Uribe, quien se enojó, atacó a la prensa y periodistas denunciantes y enmarcó el tema en la lucha electoral reduciéndolo a la categoría de mero eslogan. De Uribe y ante una noticia tan grave, se esperaba otra cosa : una reacción más adecuada.
En consecuencia, el resultado ideal para el próximo 28 de noviembre según un desapasionado analista colombiano, es que Uribe gane en primera vuelta pero con poco mas del 50 por ciento. Si se va muy arriba — advirtió— puede que haya desbordes y esos cuatro años por venir sean muy diferentes, y para peor, a los últimos cuatro que pasamos. Más que un vaticinio, me pareció una expresión de deseos.