El sacerdote Jorge Piñango, subsecretario de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), fue hallado muerto ayer en Caracas, después de que el Arzobispo de Mérida, monseñor Baltazar Porras, denunciara su desaparición desde el viernes pasado, informaron fuentes policiales.
El subdirector del Cuerpo de Investigaciones Científicas de la Policía, Vicente Alamo, dijo a periodistas en un hotel donde fue hallado el cadáver del religioso, en la populosa y comercial zona de Sabana Grande, en el centro-este de Caracas, que aún se desconocen las causas de la muerte y que el cuerpo no presenta lesiones externas.
“Hay que esperar los resultados de la autopsia. El cuerpo presenta características de 48 horas de defunción”, añadió Alamo, sin confirmar versiones de prensa de que se encontraba desnudo y junto a una caja de medicamentos.
Según el registro del hotel, Piñango ingresó poco antes de la madrugada del sábado, junto a una persona que se registró con un documento de identidad bajo el nombre de Antonio Rodríguez.
La recepcionista del hotel, Maigualida Zapata, relató a los periodistas que ese individuo dejó la habitación al atardecer del sábado, pero que el hallazgo se produjo ayer al inicio de las labores de limpieza.
La emisora privada Globovisión señaló que en los registros oficiales de identificación el número del documento entregado por Rodríguez no coincide con el nombre, por lo que el sospechoso de asesinar al sacerdote falseó su identidad.
Horas antes del hallazgo, monseñor Porras había dicho a los periodistas que Piñango dejó cerca de la medianoche del viernes el domicilio de unos familiares y se dirigió con rumbo a la sede de la CEV, “pero desde ese momento no se tiene ninguna noticia de él”.
“Dios quiera que este caso pueda tener un feliz desenlace y que podamos salir de esta angustia, que es la que se comparte con el pueblo de Venezuela con tanta frecuencia por situaciones de tanta inseguridad”, dijo Porras.
El sábado varios miles de jóvenes protestaron en Caracas contra la inseguridad en Venezuela, afectada por una oleada de secuestros, asesinatos y otras acciones delictivas que en este país se cobran diariamente la vida de un promedio de 30 personas, según cifras oficiales.