Al mal tiempo, buena cara
Para Minsa, dedicarse a la producción de harina de maíz nunca había sido tan complicado como ahora. Aunque es uno de los insumos principales para la preparación de tortillas, alimento favorito de los mexicanos, ha debido lidiar con una oposición en su consumo, acusada de causar obesidad.
“El consumo per cápita de este producto en las grandes ciudades de México se estima en 53 kilos mensuales, mientras que hace tan sólo unos años rondaba los 60”, dice José Enrique Trón, presidente de la Cámara Nacional del Maíz Industrializado. Una disminución de mercado que ha mermado su producción. Hace seis años, la producción anual de Minsa era de 750,000 toneladas, mientras para 2005 fue de 600,000.
Para empeorar las cosas, su rival, Grupo Maseca, anunció inversiones de 1,000 millones de dólares para el próximo lustro en Asia y para seguir creciendo en Europa.
La compañía, no obstante, se ha enfocado en obtener eficiencias, lo que le permite celebrar hoy un progreso sustancial en todas sus áreas, basado en mejoras en costos y reducciones de gastos variables, a pesar del estancamiento del mercado. Su utilidad operativa pasó de cinco millones de dólares a 13 millones del 2004 al 2005 y de una pérdida neta de 34 millones de dólares a una utilidad de 39 millones.
“El enfoque fue lograr una eficiencia que nos asegurara la competitividad”, dice José Cacho, director general de Minsa. “Buscamos mejoras internas en consumo de energéticos y en control de mermas, además de adquirir un software que nos ha permitido evitar desperdicios en el proceso logístico”. Este replanteamiento ha significado un aumento de dos puntos porcentuales en utilidad de operación.
Una buena base que le permite ahora buscar la reconquista del mercado. “Tenemos que convencer a nuestros clientes de que les conviene más usar harina que nixtamal”, dice Cacho, refiriéndose a como se le conoce al maíz cocido en agua y cal, un ingrediente que se sigue usando en el 55 por ciento de las tortillas de maíz preparadas en México.
Con respecto al consumo, la industria se ha unido para lanzar este año una campaña de comunicación a través del Consejo Promotor y Regulador de la Cadena Maíz Tortilla, para difundir los beneficios del producto. “Ya no debe seguir disminuyendo el consumo, al contrario, empezará a estabilizarse y responder a las promociones que se irán desarrollando”, dice Tron.
Aunado a estas iniciativas, Minsa sigue enfocándose en lograr eficiencia. Para ello, vendió una planta que tenía en Guatemala. Su intención a mediano plazo es atacar el mercado de Centro y Sudamérica a través de exportaciones desde sus instalaciones en Chiapas. Por ahora concentra sus energías en México y Estados Unidos, donde lleva ya siete años y tiene dos plantas.
Operativamente, Minsa se quiere seguir enfocando en sus ventajas competitivas: el servicio al cliente y el desarrollo de nuevos productos. Hoy, de los 60 con que cuenta, la harina de maíz tradicional sólo representa el 30 por ciento de sus ventas totales, las cuales en 2005 fueron por 207 millones de dólares. “Diversificación de productos con valor agregado, por ahí es donde tenemos posibilidad de crecer”, dice Cacho.