- EE.UU. no logró arrancar a China la promesa de fortalecer el yuan para ayudar a revertir su gigantesco déficit comercial de US$202 mil millones
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análisis noticiosoWASHINGTON/ AP
Una vez más, el presidente George W. Bush tuvo dificultades para obtener concesiones del presidente chino Hu Jintao.
Bush es el líder de la única superpotencia del mundo, pero cuando habla con los chinos, es como discutir un préstamo a plazo vencido con el banquero: no es mucho o nada lo que se puede hacer.
La reunión Cumbre del jueves fue la primera visita de Hu a la Casa Blanca desde que asumió el cargo máximo en el Gobierno chino hace tres años. Pero ambos líderes se han reunido cinco veces en el último año, incluyendo un viaje que hizo Bush a Pekín en noviembre.
En cada una de esas reuniones la lista de demandas comerciales estadounidenses ha sido la misma: China debe dejar de deprimir el valor de su divisa para ganar ventajas comerciales; reprimir la flagrante piratería de los derechos de propiedad intelectual que cuesta miles de millones de dólares en ventas perdidas a las compañías estadounidenses, y abrir más sus mercados a las exportaciones estadounidenses.
La urgencia de dichas demandas ha crecido a medida que aumenta el déficit comercial de Estados Unidos con China; el desequilibrio comercial alcanzó otro récord el año pasado con 202,000 millones de dólares.
Ese déficit, que representó más de una cuarta parte del desequilibrio récord estadounidense con el exterior en el 2005, ha suscitado una creciente inquietud en el Capitolio y ha provocado una serie de proyectos de ley para penalizar a China a menos que detenga las prácticas comerciales a las que se atribuye haber hecho perder 3 millones de empleos desde que Bush asumió el cargo en el 2001.
Con miras a las elecciones legislativas de noviembre, el Gobierno de Bush ha intensificado su retórica. Pero hasta ahora las conversaciones enérgicas han producido pocos dividendos.
Los comentarios de Hu durante la reunión Cumbre con Bush no fueron más allá de las promesas que ha formulado en el pasado.
La mayor decepción se produjo en el terreno en que Washington alentaba más esperanzas, que China se comprometiese a permitir que suba el valor de su divisa en relación con el dólar. Un dólar más débil respecto del yuan daría mayor competitividad a los productos estadounidenses frente a los chinos.
Pero la realidad es que el Gobierno de Bush tiene poca influencia para forzar a China a hacer más. Desde que Pekín se incorporó a la Organización Mundial de Comercio en el 2001, EE.UU. no puede amenazarla más con imponer sanciones unilaterales como insinuó hacerlo el Gobierno de Bill Clinton a mediados de la década del 90 en una lucha contra la piratería de los derechos de propiedad intelectual.
Washington puede plantear casos contra China ante la OMC, tal como lo hizo el mes pasado en una disputa sobre repuestos automotores.
Pero en cuanto a la manipulación de divisas —el sector que promete contribuir más para reducir el desequilibrio comercial estadounidense—, los expertos dicen que Estados Unidos tendría escasas posibilidades de prevalecer ante la OMC, en parte porque ningún país ha enfrentado dichos cargos antes.
Los legisladores están promoviendo un proyecto que aplicaría a todos los productos chinos gravámenes punitivos del 27.5 por ciento si China no permite más expeditivamente que su divisa aumente de valor.
Pero una medida tan estricta perjudicaría básicamente a los consumidores estadounidenses que se han acostumbrado a los precios bajos de una inundación de importaciones chinas de prendas de vestir, calzado deportivo, juguetes y televisores.
Dicha medida podría provocar una guerra comercial con represalias chinas contra los exportadores estadounidenses, ya sea directamente ganando un caso ante la OMC o asegurándose que empresas como Boeing Co. no reciban la próxima tanda de contratos.
En la primera visita del presidente chino a la Casa Blanca no se produjo ningún avance en los problemas bilaterales, pero el diálogo franco y directo con Bush tal vez haya permitido comprenderse mejor, según analistas.
Desde el punto de vista estadounidense, los temas principales eran Irán y Corea del Norte. Pero Hu rechaza sanciones contra Irán o presionar a Pyonyang.
Los chinos salieron decepcionados por una falta de cambio de la postura de EE.UU sobre Taiwán.
Ambos mandatarios aseguraron que las conversaciones permitieron ver mejor los intereses del otro.
Sin embargo, “en términos de consecuencias, esta visita no produjo nada”, dijo Kenneth Lieberthal, experta en China y funcionaria durante el Gobierno de Bill Clinton.
De hecho “no hicieron demasiados avances”, resumió Ralph Cossa, especialista en relaciones chino-estadounidenses y presidente del Pacific Forum CSIS.