El Vicente Padilla que nos hemos imaginado, llegó la noche del jueves a Seattle y esparció su talento en el Safeco Field, mientras deslumbraba a los Marineros y entu- siasmaba a los Rangers.
A ese Padilla poderoso y preciso, atrevido y prudente, sólo le faltó la victoria, la que se escurrió entre los dedos de los relevistas de Texas, quienes no se tomaron mucho tiempo para mostrar su ineptitud y escaso sentido del momento.
A través de siete episodios, Vicente echó humo. Su poder fue tal, que llegó al séptimo inning con disparos de hasta 97 millas por hora, pero no sólo hizo eso, sino que los envió en strikes o donde lo deseaba.
Pero además de fuerte y con capacidad para localizar sus pitcheos, Padilla mantuvo su concentración. Evidentemente tenía un plan y lo siguió con mucha disciplina. Aceleraba cuando el momento lo exigía o aflojaba cuando pretendía sacar de balance.
El jueves, a Padilla se le salió el Pedro Martínez que lleva dentro. Y lo que todos esperamos, es que esta labor no sea sólo un espejismo en el desierto de una prolongada campaña, sino un salto de calidad, que le permita situar la realidad a la par de las expectativas.
El trabajo ante Seattle, (7 innings, 3 hits, una carrera y 7 ponches) es de los mejores de Padilla en las Mayores y el mejor en la actual temporada, pero en otros momentos, el nica ha saltado de una labor así, a otra discreta.
Han sido tan extremos los contrastes, que la prensa de Filadelfia dijo una vez, que en algunos instantes, Padilla parecía un clon de Juan Marichal, y en otros, uno de Calvin Maduro.
Su próxima salida será ante Oakland el martes y la esperanza es verlo de nuevo en un nivel que ya demostró que puede alcanzar.
ACLARACIÓN
Ayer publiqué que Alejandro Carrasquel fue el primer venezolano en las Ligas Mayores en 1930, cuando en realidad, fue en 1939. Espero me disculpen.