El ex Presidente de El Salvador, Armando Calderón Sol, vino a Nicaragua para tratar de facilitar el entendimiento entre las fuerzas políticas democráticas a fin de que se unan en torno a una sola candidatura presidencial e impidan el triunfo de Daniel Ortega y el FSLN en las próximas elecciones.
En realidad, la tal unificación de las fuerzas democráticas sería la unión de la Alianza Liberal Nicaragüense-Partido Conservador (ALN-PC) que encabeza el candidato presidencial Eduardo Montealegre, con el Partido Liberal Constitucionalista del ex presidente Arnoldo Alemán. Y más exactamente, esa pretendida unión de las fuerzas democráticas significaría la subordinación de Eduardo Montealegre a Arnoldo Alemán, o al candidato presidencial por el PLC que avale el caudillo de El Chile en la convención liberal del próximo 2 de abril.
Ante el señalamiento de corrupto que se le hace a Arnoldo Alemán, el ex Presidente de El Salvador preguntó por qué no se acusa también a otros políticos corruptos, como por ejemplo Daniel Ortega . Al parecer el ex presidente Calderón Sol ignora que todos los sectores antisandinistas, políticos y sociales han denunciado de manera sistemática y reiterada la piñata sandinista, la cual ha sido la manifestación más desmesurada de corrupción política en toda la historia de Nicaragua. Desconoce también el prominente político salvadoreño que prácticamente todos los actos de corrupción que se cometieron durante el régimen sandinista ya no se pueden denunciar ante los tribunales porque prescribieron de acuerdo con la legislación nacional vigente. Y quiere ignorar el ex mandatario de El Salvador que el pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega fue precisamente, entre otras cosas, para legitimar las piñatas sandinistas, por una parte, y por el otro lado para garantizar la impunidad de la corrupción arnoldista.
Que Ortega y el FSLN no le hayan cumplido a Alemán es otra historia. El hecho incuestionable es que el pacto libero-sandinista se hizo para legitimar la corrupción de ambas partes. Y con tal de alcanzar ese propósito a Arnoldo Alemán ni siquiera le tembló el pulso, al momento de firmar la entrega de más de la mitad de los poderes del Estado al partido sandinista, y darle personalmente a Daniel Ortega la posibilidad de alcanzar la Presidencia de la República con apenas el 35 por ciento de los votos.
Tiene mucha razón, entonces, el candidato democrático Eduardo Montealegre cuando dice que es absurdo hablar de que hay que entregarse a Arnoldo Alemán y al PLC para impedir que ganen Daniel Ortega y el FSLN, pues fueron ellos los que pactaron con Daniel Ortega en contra de la democracia y para institucionalizar la corrupción en Nicaragua.
Desde que se firmó y consumó el pacto libero-sandinista quedó completamente claro para las fuerzas verdaderamente democráticas de Nicaragua, que la lucha por la salvación de la República y el restablecimiento de la democracia, tiene que pasar necesariamente por la derrota tanto del caudillismo pactista de derecha que representa Arnoldo Alemán, como del caudillismo pactista de izquierda que se encarna en Daniel Ortega. Desde entonces para las fuerzas democráticas Arnoldo Alemán es parte del problema, no su solución.
Lo que separa a las fuerzas auténticamente democráticas, de Arnoldo Alemán y su PLC, es una cuestión de principios democráticos y valores éticos. Esto es lo que hace inaceptable sugerencias tales como la de que Alemán es un caudillo corrupto pero democrático, y que por lo tanto hay que aceptarlo e inclusive reconocerle su liderazgo con tal de impedir que gane el caudillo corrupto antidemocrático.
En lo que respecta al PLC, desde hace tiempo y muy oportunamente se pidió a sus mandos y militantes que reflexionaran, que pusieran los intereses de la democracia, de la República y de la nación por encima de su pasión por Arnoldo Alemán; que desarnoldizaran al PLC para que éste pudiera volver a ser no sólo una herramienta democrática más sino el mejor instrumento democrático de Nicaragua y el más poderoso dique de contención del totalitarismo sandinista. Pero la pasión caudillista ha sido en el PLC mucho más fuerte que la razón democrática.
Ahora el tiempo de espera del PLC parece haberse terminado, a menos que ocurriera un milagro y que de repente la gente sensata —que debe haber en ese partido—, levantara cabeza por fin y se sacudiera el yugo del caudillismo y la corrupción arnoldista.