Philip Seymour Hoffman en su papel como Truman Capote en el filme del mismo título. (LA PRENSA /AP)

Capote: un Oscar para Philip Seymour Hoffman

Esta película no es una segunda versión de A sangre fría sino una recreación del período que le tomó a Capote hacer sus investigaciones y escribir el libro El 15 de noviembre de 1959, dos ex presidiarios (Perry Smith y Richard Hickcock) asesinaron a la familia Clutter en una granja del pueblo de Holcomb, Kansas […]

  • Esta película no es una segunda versión de A sangre fría sino una recreación del período que le tomó a Capote hacer sus investigaciones y escribir el libro

El 15 de noviembre de 1959, dos ex presidiarios (Perry Smith y Richard Hickcock) asesinaron a la familia Clutter en una granja del pueblo de Holcomb, Kansas (Estados Unidos). Creyeron no haber dejado ningún testigo. Pero había uno.

Floyd Wells, ex compañero de celda de Hickcock, recordó haberle dicho que el señor Clutter, su antiguo patrón, tenía en su oficina una caja fuerte donde a veces guardaba hasta 10,000 dólares. A cambio de una reducción de su condena, dio a las autoridades la pista que les permitió capturar a los culpables. Tras un sonado juicio, fueron ahorcados. La caja fuerte no existía.

Para investigar las circunstancias del crimen y estar presente en el juicio, llegó al pueblo el célebre escritor Truman Capote (nacido en Nueva Orleáns en 1924). Lo que originalmente iba a ser un reportaje para la revista The New Yorker, se convirtió en la primera novela sin ficción: A sangre fría.

¿Qué la hace una novela sin ficción? El autor no aparece en el relato (excepto por dos breves referencias a un “periodista”). Si hubiese escrito el libro en primera persona, habría sido un libro-reportaje. Al adoptar la posición de autor omnisciente, pudo reconstruir los hechos con la minuciosidad de una novela, llenando con la imaginación los espacios que la memoria borra, incluso revelando lo que los personajes piensan.

En Nicaragua tenemos un ejemplo de novela sin ficción: Castigo divino de Sergio Ramírez, aunque en este libro sobre el envenenador Oliverio Castañeda, los personajes se oscurecen por un humor no siempre bien logrado. Cobran más vida en el capítulo dedicado al mismo caso en el segundo tomo de Grandes crímenes del siglo XX en Nicaragua, de Anuar Hassán.

La novela sin ficción debe basarse en hechos notorios y reconstruirlos con fidelidad, empleando el estilo de la ficción. De otra forma, tendríamos un roman à clef (novela en clave), basada en personajes reales pero con nombres ficticios y reconstrucción libre de la realidad (un ejemplo: Fiesta de Hemingway); o la tradicional novela histórica, con mezcla de personajes históricos y personajes imaginarios y mucho espacio para la especulación (El pergamino de la seducción de Gioconda Belli, pertenece a este género).

Luego está lo que podríamos llamar “novela pura”, producto de la imaginación del autor (Don Quijote, Cien años de soledad), aunque ciertos personajes puedan estar inspirados por personas conocidas del autor. El escritor austriaco, Stefan Zweig, afirmó con gran perspicacia que, “La literatura del futuro tendrá un carácter más documental que imaginativo. No hay genio capaz de inventar nada que supere los dramáticos hechos de la actualidad”.

A sangre fría fue llevada al cine por el director Richard Brooks en 1967, con Robert Blake (recientemente absuelto por el asesinato de su esposa) como Perry Smith. El parecido entre ambos es sorprendente.

Capote (2005), del director Bennett Miller, no es una segunda versión de A sangre fría sino una recreación del período de cinco años y medio que le tomó a Capote hacer sus investigaciones y escribir el libro. En la película, Philip Seymour Hoffman “se transforma” literalmente en Truman Capote.

Hoffman, que se ha especializado en papeles de muchacho tímido y regordete en películas independientes, no es el actor en que uno pensaría para interpretarlo. Es más alto y le falta la chispa que caracterizaba al escritor. Lo primero se solucionó rodeando a Hoffman de actores altos. Lo segundo es un defecto menor pues si bien la agudeza de ingenio de Capote está en el guión, el filme se concentra más en su sensibilidad artística y en su melancolía crónica, que Hoffman refleja magistralmente. El Oscar que ganó la noche del 5 de marzo pasado fue un acto de justicia poética por parte de la Academia.

El tema central del filme es la amistad del escritor con los dos asesinos, especialmente el amor trágico y desesperanzado que llegó a sentir por Smith (interpretado por Clifton Collins Jr.). El momento en que logra que le revelen los pormenores del crimen (a través de un flash-back espeluznante) es el clímax de la película. Otro personaje que ocupa un lugar importante es Harper Lee (interpretada por Catherine Keener, nominada por la Academia), autora de Matar a un ruiseñor y amiga del escritor desde su niñez.

Si bien A sangre fría es la obra más leída de su autor, su genio como prosista se revela mejor en otros libros, como la noveleta El invitado del día de Acción de Gracias o su colección de relatos, Música para camaleones (1980), cuyo prólogo, una verdadera obra de arte, traduje en los años ochenta para La Prensa Literaria: “Cuando Dios te da un don, también te da un látigo cuyo propósito es exclusivamente la auto-flagelación”.

Después de A sangre fría, su novela más popular es Desayuno en Tyffany’s, llevada al cine por Blake Edwards (con Audrey Hepburn). De su libro inacabado, Oraciones escuchadas, en que satiriza a celebridades como Colette, la Duquesa de Windsor, Tallulah Bankhead y las trágicas multimillonarias Doris Duke y Barbara Hutton, se publicaron algunos capítulos que no colmaron las expectativas creadas alrededor de la obra. Algunas personas siguen buscando el manuscrito que Capote, poco antes de morir en 1984 (destruido por las drogas y el alcohol), aseguró haber completado.

La Prensa Literaria

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