Carlos Maturana Coronel
Roman, Times, serif»>
Retrato del poeta Coronel
Carlos Maturana Coronel
En homenaje al centenario del nacimiento de don José Coronel Urtecho, fundador del Movimiento de Vanguardia y de la Antiacademia Nicaragüense (con ocasión de la celebración del II Festival Internacional del Podere di La Ignomini coludidi contra la poezzia en Granada-Nicaragua).
“José Coronel Urtecho, lo subo al techo
Lo bajo del techo y en la bolsa me lo echo…”
(Cantan en corrillo los niños pecosos, pelirrojos, en un juego burlesco, dirigiéndose al señor, que de boina y bastón presto, está sentado, plácido en su hamaca, … y quien les mira con ojillos de fuego encendido…)
De la casa de las Urtecho-Avilés (las cinco hijas del doctor don Juan Ignacio Urtecho, entre las que se crió su madre doña Blanca), don José heredó más cosas que las que él querría reconocer, entre ellas cabe mencionar; el gusto por el culto trascendente del ejercicio cultural, el de la buena comida y el de estarse en su hamaca temperando tranquilo a la hora de la siesta, plácido, en su casa de corredores frente a las costas del Gran Lago de Granada, donde su familia materna tenía tierras desde tiempos inmemoriales y después costumbre continuada en el Río San Juan a donde lo llevaría posteriormente doña María Kautz Gross, su mujer. (Ella, quien era a su vez de una familia de cinco mujeres, pero una familia de varones, judíos-alemanes y militares prusianos de Säarbrucken-Alemania, cerca de Colonia).
Pero fue por la herencia de su casa Sefardí, la de don Manuel Coronel Matus, su padre, que había heredado don José, el don y buen gusto por las letras universales. Si por el lado de Granada, Coronel representaba a una de las casas conservadoras de Nicaragua de origen Eusquera (vascos) e indianos, llegadas en los primeros tiempos de la Colonia y ligadas al poder político colonial criollo, por el lado de su padre político, mestizo y liberal de Masaya, hijo de judíos andaluces con referencias a la cultura de Córdoba, Sevilla y Granada desde don Anselmo Coronel y otros escribanos o letrados con historia clara entre los cultores de las letras y la cultura, por el lado de los Matus estaba ligado también al mundo de las bellas artes, más específicamente al de la música, por las Zúñiga-Cabistán al de las artes representativas.
En fin por todos lados en su casa don José conocía de la sensibilidad por la cultura y de las preocupaciones de la política y el humanismo, es por ello que no debe extrañarnos su trascendencia para conocer los entramados del sainete cultural que heredamos en la modernidad.
Del mundo de la política, Coronel heredó la cualidad de organizador e ideólogo que le permitiría magnificar su obra más importante (me refiero a su obra hablada de promotor cultural y motor de los alientos espirituales de varias generaciones de escritores en Nicaragua). Se podría decir que Coronel tuvo una influencia decisiva y directa en lo que podríamos llamar la tarima o alto tambo cultural nicaragüense (que tanto tiene de chinfónica y del burlesque) marcó personalmente a unas seis o siete generaciones de hombres y mujeres de cultura del país.
Además del papel de pensador de la cultura, Coronel tuvo otros más relevantes que se fueron superponiendo en los diferentes períodos de su vida, Coronel cultivó la oralidad del discurso, la poesía escrita, el teatro y la prosa moderna, la política y la filosofía contemplativa, así como el dominio de varias lenguas y el oficio de traductor, fue a su vez receptáculo de múltiples influencias culturales aparte de la propia, la española cristiana, la libertaria latinoamericana, la modernista estadounidense, la afrancesada y la filosófica alemana, éstas como las más notables.
Comenzó su vida siendo un alborotador modernista irreverente, luego ideólogo conservador, para terminar siendo un revolucionario ortodoxo tradicionalista. Pasó en su vida política de ser diputado, senador, viceministro y funcionario consular a ser considerado de algunos notables del fascismo como el general Franco, para luego abrir su casa a la revolución tercerista del general Ortega y servir con su familia a la revolución finalmente en bandeja la cabeza del general dictador imperial enemigo de Nicaragua, pasó de escribirse con Pound y admitir el servilismo conservador a conspirar con los barbudos en la boca del San Juan y en las Costas del Mar Caribe, a la vez fue de muchas maneras el poeta Coronel capitán pirata y amotinado, preso desterrado como el Conde de Montecristo y conspirador rendido atrapado en las redes de consejas de las viejas campesinas… como él mismo diría.
Pero no es su vida política, ni su obra histórica que también caben mencionar, lo que es más admirable en la obra de don José Coronel, quien a la inversa de casi todos los hombres fue pasando de la madurez primitiva a la infancia supuesta y luego a la madurez definitiva e infantil, como un ave Fénix persistente de la literatura. El poeta Coronel vivió más de una vida-obra, no sólo debido a su precoz genio y mente esquizoide, que volaba a velocidades notables, como su lengua, como si de un pez volador se tratara, ascendía en las notas silbantes, de la mar a los aires, prisma de la luz inestable, que se observa desde la loma donde está la casa, pasó de los blancos luminosos alabastros al plata mercurial que persigue los oros que la tarde alcanza, así dominó la lengua Coronel como el canto de los pájaros domina la música, con los sonidos eternos. Fue Coronel prolijo, cambiante y completo del negro al blanco y viceversa, dio toda la gama y sus tonos de prisma óptimo. Don José, con su vida perdida junto a su mujer y junto al río, en el dorado exilio de sus incesantes revoluciones y conspiraciones cotidianas, creando siempre, creyendo a pesar de todo, tratando siempre de alcanzar con sus manos a la poesía, a ella que es etérea luz translúcida y a la vez refractaria para el rostro del hombre, que en ella se ve.
Porque, ¿qué es la verdadera poesía? No lo sé… quizás, pero sé qué no es… pues me lo enseñó don José, mi abuelo… No es la farsa del fasto nefasto del poder, no es la cultura chicheresca, chichesca y glorificada. No es el interés por el dinero, no, los intereses de los aduladores, ni de los adulados empapados y embadurnados en su baba ignominiosa y ancestral de maledicentes, malpensantes y malvivientes, no es la burda banda presidencial delincuencial del capital, la barbarie enemiga de la poesía, no es la fantasía libresca de la academia con sus nefandos doctores en letras y maestros de literatura y poetas oficializados, no es el servilismo bien educado y mal pagado de los agentes validados de la cultura, ineficientes del gremio de secretarias culturales.
No, señores. Esa no es la poesía, pues en estos pasillos andan danzando como putas baratas de cabaret, los adalides del arte de figurar, los de falso cantar, quienes no se cansan de verse, de beberse y eructar a la poesía y de comer arte hasta hartarse, de la misma manera que se han comido a Nicaragua sus gobernantes capitalistas y políticos en el oficio y beneficio del Estado.
La poesía de verdad está más allá, de la jeta del pueta y de la sarta oficial gubernamental —con su carajética—. No es posible venderla, encuadrarla, esclavizarla, es imposible sostenerla, sino con manos temblorosas. La poesía señores es otra cosa que siempre se nos va cuando queremos agarrarla, es una idea fugaz, una iluminación momentánea e instantánea que se disuelve y nos envuelve.
Si quisiéramos definir la poesía y la política, sería quizás a través de la luz que se nos niega donde deberíamos buscar, pues no es visible así nomás, está sólo en la ruta crítica o en la visión alterna del más allá, es quizás ahí donde están las verdades eternas. Niego que sea esta farsa que está hoy aquí, que es sólo detritus e ignominia, vana gloria funambulesca y danza popular, o sea, esto que está aquí no es más que folclor chicheresco, la poesía señores se ha ido para siempre indignada y dice adiós. Sólo sé que no está aquí y que no quiere estar.
El autor es abogado